Hace un par de años, decidimos con mi marido hacer en el patio de mi casa una pequeña huerta.
Empujados por el estímulo de la novedad, investigamos algo del tema, y confiando en la mundialmente famosa tierra de la Pampa Húmeda, en la que se tira una semilla y crece una planta, pusimos mano a la obra. Nos imaginábamos felices saliendo de la casa para escoger los frutos con los que prepararíamos las ensaladas.
Preparamos el terreno. Desmalezamos. Compramos el abono adecuado. Organizamos las plantitas como lo recomendaba una revista especializada, y nos dedicamos a esperar los frutos de nuestra labor.
Algunos tomates llegaron a crecer, pero antes de que tuvieran un tamaño respetable, una fuerte tormenta con granizo los destrozó sin piedad. El resto de nuestro verde experimento, fue un fracaso que sucumbió a la lluvia desmedida, a la sequía, a las hormigas, babosas y demás insectos que decidieron mudarse cuando se corrió la voz en su mundo de que mi patio estaba lleno de pequeños e inocentes brotes y a mi perra, que además de carne y alimento seco, siente un gran aprecio por los morrones aún verdes y los comía directamente de la planta (el cerquito que hicimos alrededor de la huerta también fue un fracaso).
Para ser honesta, crecieron bien las hierbas aromáticas. Eso sí fue un triunfo. En mi patio la menta, por ejemplo, aburrida de estar en un rincón específico,crece en cualquier lado, entre las baldosas, entre las piedritas de un camino, se trepa a las macetas de otras plantas y cuando pasamos y la rozamos apenas, se puede sentir el perfume (esa es una de las cosas lindas de mi patio).
A lo que voy es que hace un par de semanas, una planta comenzó a crecer rápidamente, como una de esas plantas de habichuelas mágicas de los dibujitos animados. Desde la ventana del living la podemos ver: enormes hojas verde oscuro y muchas y hermosas flores amarillas que al caer dejan ver las calabacitas verde claro.
"No vamos a poder salir de la casa" sentencia la familia completa cada mañana. Pero por curiosidad (y vagancia) la dejamos crecer...
Ahora tengo calabazas en el patio de mi casa. No sé como llegaron allí. Con la cortadora de pasto, sin querer, corté media planta, pero siguió creciendo. Mi perra debe creer que es la venganza de los morrones que asesinó hace un par de años, porque las calabazas le obstaculizan el paso para sus carreras diarias sin razón alguna.
Y ahora los dejo, porque tengo que averiguar en google cuando es la temporada correcta para cosechar calabazas. Esto de tener una huerta es un trabajo de tiempo completo...









