Soy

No es que me haya ido. Sigo aquí. Pienso mucho. Extraño aún más. Soy la misma, pero aún no sé quien soy. ¿La viuda? ¿La huérfana? Soy madre, soy novia, soy monotributista, soy suegra, soy amiga y vecina... ¿Quién soy?
Leo sobre budismo, y sobre magia. Le rezo a la Diosa Blanca, y medito sin lograr acercarme ni un milímetro a la iluminación. Corro llegando tarde a donde no quiero ir.
Y debo escribir más. La paz de las letras no me la da otra cosa. Debo volver, aunque no me haya ido. Paliar el silencio y regresar a un camino seguro, en donde soy las letras que me liberan de ser quien no quiero ser.

Arde

Arde la mañana con un calor sofocante
El árbol florido no suplica alivio.
Arde el sol sobre las tejas.
El cielo arde, despejado de nubes piadosas.
Así imagino hoy el infierno.
Tranquilo y ardiente,
Solitario y sin brisa.
Mañana será otro: una multitud gritando,
O un ave muriendo de pena.
El infierno es cambiante:
Es lo que cada día nos desespera.

Ahora

No hay ayer. No hay mañana. Sólo existe el momento que lo contiene todo. El tiempo sumergido en el ahora.

No se vuelve

No se si es posible irse realmente de algún lado, de modo que volver es imposible. ¿Cómo irse de un todo indivisible que es el sueño que nos rodea? ¿Cómo volver al sueño del que no podemos salir?

Le pongo a todo filosofía. No una seria y respetable: una filosofía mal peinada y rebelde. Entonces, vuelvo a escribir y me corrijo: no, no vuelvo; no dejé de escribir. (La verdad es que siento culpa, porque escribir me salva la vida, y dejo de hacerlo porque no encuentro el tiempo, o el lugar). No me fui, no dejé de escribir, me digo, porque es imposible. Y porque sé que se escribe el sueño que vivimos día a día. Se escribe todo el tiempo.

Mujer y espejo





Ella se ve reflejada en el espejo y no se reconoce. Reconoce los rasgos, pálidos, desdibujados, pero no le dicen nada, no la representan. Quizá, ni siquiera existan.
Piensa: "No somos esclavos de nada, ni de nosotros mismos. No seré esclava de un reflejo". Es valiente, como para aceptar que el espejo y ella, enfrentados, son una sola cosa: el universo entero, mirándose.





Imagen: Christoffer Wilhelm Eckersberg - “Mujer desnuda peinándose frente al espejo” (1841, óleo sobre lienzo, 33 x 26 cm, Colección Hirschprung, Copenhague.

IV

Ya no quiero ver manos vacías,
sin espacio para sujetar otras manos.
¿Dónde estás, si no estás con tu alma?
Cuerpos llenos de nada,
se ríen de su propio espíritu.
Lo niegan y niegan el canto del gallo.
Niegan el sol y a la lluvia
y a todo lo que brille.
Todo lo sensible es negado.
Existen los ladrillos, porque son duros
Existe lo que no siente.
Y las manos vacías se cierran.
Así golpean.


II

Me lleva de la mano una luna,
llena de proyectos absurdos.
No me hace feliz,
sólo me lleva de la mano.
No espero nada de ella,
Tal vez que sangre
en mi nombre.
Intensas gotas de hielo,
brillante sangre de luna.
Derramándose sobre heridas
que no cierran.

Normalidad

Te piden que vuelvas a la normalidad. Que aceptes lo roto, para estar nuevamente entero. Que aceptes lo perdido, para encontrarte. Y a todos esos consejos tan bienintencionados, se dice que si, porque es más fácil decir que sí, y porque tienen razón.
¿Pero cómo se hace?
El tiempo no cura nada, sólo fabrica cicatrices, con una habilidad sublime, es verdad, pero la cicatriz está ahí, para ser acariciada. Nunca creí que algo que deja cicatriz pueda curarse.
Porque se curan las enfermedades, pero no el dolor. El dolor no es una enfermedad.
La verdad es que me gusta saber que curar ciertos dolores es más cruel que aceptarlos.

I

El mundo arde pero no quema el cielo.
A ese cielo que posee mi futuro,
y que guarda lo mejor de mi pasado.
No es un lugar desconocido,
lejano a mi, y al mundo que arde,
como ramas secas en un jardín sin alma.
Las llamas habitan el cielo.
Nosotros ardemos, mirando a las estrellas.  

Gente que sabe.

Me encanta la gente que cuenta lo que sabe. La que desparrama sus conocimientos, aunque no tengan una utilidad inmediata. La gente que escucha, que aprende, que no cree que haya un tope para lo que se debe saber. La gente que no cree que declamar historias olvidadas sea alardear los conocimientos. La gente que no se ofende por una corrección. La gente inteligente desea saber mas. La gente que sabe merece saber.