Luz

La única luz que vale la pena,
se ve entre ramas oscuras.
Y parece inalcanzable.
Hay barro en los pies
y las manos azules de frío.
No habrá calor en la luz.
No buscamos abrigo.
Aprendimos a andar en tinieblas.
Y así aprendimos a apreciar
esa luz que titila en el bosque
entre ramas oscuras.


 

Barcos de papel







 ¿Cómo ven los barquitos de papel a su creador?
Cuando son soltados en el charco, ¿se sienten plenos o abandonados?
Este es mi océano, dicen. Y lo navegan como buques gigantes.
Son pequeños, pero no les importa.
Son débiles, pero no lo creen.
Por eso son gigantes e invencibles.
El universo que contiene su leve cuerpo de papel
es perfecto para que no sobrevivan mas que lo necesario.
Cuando el océano charco se seca, ellos mueren
y se transforman en el barco infinito que fueron siempre.

Piel

La piel, demasiado pálida, no lamentará que no la extrañen. No tiene esa habilidad. Hay un corazón que la anima cuando late fuerte, y manos que la encienden cuando hace falta. Pero no entiende de corazones que no la extrañan, y aprendió a ignorarlos, como ignora todo lo que no la acaricia.

Duda


Somos pequeños y deberíamos mirar la vida con curiosidad. No es la edad la que sabe encender la mirada. Es otra cosa. La forma en que miramos, desde el deseo, desde el interés, es lo que define quien somos. Es profundo y simple. Creemos en dudar, o creemos en estar seguros. Si dudamos, crecemos. Si no, cerramos puertas en la seguridad de que no hace falta mantenerlas abiertas. Y siempre seremos pequeños.

Lo real




Ahora puedo imaginarte en un lugar preciso, haciendo cosas específicas, siguiendo esos rituales sagrados que todos tenemos y  que hasta a Dios le ocultamos.
No sos más real que antes, ni menos imaginario. Ni mejor ni peor.
Sos algo más que una palabra. Ser una palabra no es poco, pero no alcanza. Necesitamos ser tangibles, y sacarnos la vieja duda de si somos de piel.
Estar frente a frente no significa mirarse a los ojos. Ni siquiera significa verse. No es estar juntos. No es estar menos solos y la verdad es que la soledad no se comparte. Es un estado más, que debe agradecerse y dejar ir.
Puedo ponerle poesía a casi todo. Quizás escriba un poema y después lo olvide.
No se si es suficiente.
Pero no importa.

Poema




Un cuerpo se deshoja.
No es un libro,
pero tiene letras en sus manos.
Se quita las palabras
desvistiéndose, como un libro,
pero no es un libro.
Tiene historias
pero las páginas ya caen,
una tras otra.
Están ajadas pero dicen
que viven en otra lengua.

Pétalos



Desviste ahora cada pétalo de la flor.
No la flor en sí, 
sino sus pétalos.
Encontrar la esencia interna,
el cuerpo etéreo del pétalo.
No de la flor,
que es demasiado grande
y por lo tanto,
inalcanzable.
Dedicarse al gigante pétalo pequeño,
al complejo pétalo simple,
desvestirlo, abrazarlo,
percibirlo y soltarlo. 

Poema


Dicen que los Dioses tienen
buenas razones para no oír plegarias.
Y ofrecen a cambio el misterio,
de tierras desconocidas.
¿Cómo creer sus promesas
si llegan acompañadas de invierno?
Lágrimas como hojas secas,
cayendo en un río.
Dioses que prometen primaveras
a los habitantes del frío.


Universos robados

Alguien, alguna vez, robó un hermoso universo, lleno de palabras elegantes y cálidas y buscó un lugar adecuado en donde poder disfrutarlo.
No era tarea fácil. Los universos robados son inestables y suelen escapar, o repentinamente disolverse en el aire. Había que encontrar un sitio que lo convenciera de desplegar toda su magia, sus nubes y charcos, sus brisas y relámpagos y que lo hiciera sentirse en casa con tanta fuerza que la idea de irse desapareciera.
Después de mucho pensar lo dejó en el jardín. Durante días lo regó y protegió y tuvo paciencia.
Una mañana escuchó un extraño golpeteo creciente en los cristales de las ventanas. Al mirar hacia afuera vio un enorme océano. No había orillas. No había islas. Sólo enormes olas que crecían.

¿Quién crea los universos, tantas veces ajenos a los deseos? ¿Quién crea los mundos: el que lo delinea o quien está intentando habitarlo?

Me ha sido dado un universo: no se como será, pero no puedo evitar el dudar si soy quien lo transforma, o todos sus colores ya fueron pintados antes de que yo llegara...

¿Me pertenecerá alguna vez mi pequeño universo?

Ojos cerrados


La casa cerró sus ojos. 
Se cansó del gris que la rodea. Prefiere imaginar colores y dibujarlos en el interior de sus ojos cerrados. 
Ya no hay más diversión en la gente que pasa. Ya no hay colores en ellos.
 Van y vuelven y giran y se cansan. Como palomas grises sacuden alas, en ellos inexistentes. Pero la casa ya no quiere lamentar las raíces que limitan los pasos de quienes creen que pasan. 
Otra mañana despertará sabiendo que abrirá los ojos. Verá si algo cambió, si la ciudad se pintó con colores nuevos. Dejará de fingir que duerme, para estar despierta, con ojos abiertos o cerrados.