sábado 7 de noviembre de 2009

Caminos dormidos


¿Cómo sobrevivimos a despertar todas las mañanas?

No somos los mismos los que enfrentamos los sueños que quienes somos despiertos.

No dominamos ningún mundo en realidad. Somos siempre barcos a la deriva, pero despiertos creemos que el timón nos obedece, y en sueños somos conscientes de los solos que estamos frente al océano.

Y cruzamos el puente entre ambos mundos, todas las mañanas y todas las noches. ¿Cómo lo hacemos? ¿Cuánta confianza tenemos en que todo lo que dejamos en ambos universos siga allí hasta que regresemos? ¿Cómo sobrevivimos a esa experiencia?

Dicen que la mejor prueba de confianza en otra persona es dormir a su lado. Somos vulnerables dormidos. Dejamos nuestras armas bajo la almohada. O junto a la cama, porque no podemos dormir armados.

Y a su vez, dormidos somos inalcanzables. Nadie puede tocar mis sueños. Son solo míos. Puedo relatarlos, describirlos, intentar entenderlos, pero nadie más puede verlos.

Cruzamos eternamente a solas esos caminos dormidos. Y despertamos y a veces sentimos alivio, pero muchas otras nostalgia por esas imágenes que se pierden ni bien abrimos los ojos.

domingo 1 de noviembre de 2009

Vencidos.


Hemos perdido. ¿Cómo sucedió? No lo sabemos, pero sí conocemos, no solo la derrota a la que fuimos sometidos, sino también los dolorosos castigos que se aproximan.
Intentando escapar buscamos las últimas excusas. Los vencedores no las aceptan. Buscamos entonces un vestido que nos disfrace como ellos, intentando pasar desapercibidos. En realidad, por fuera, somos parecidos. Nos repetimos esa verdad frente al espejo, maquillamos la derrota con una buena sombra para ojos y nos calzamos los tacos más altos.
Fingimos, dentro de lo posible, ser los otros. Pero la verdad asoma cuando más necesitamos que no nos vean. En sí, todo se reduce a eso, a que no nos vean.
De repente estamos rodeados. Ellos, que deben ocultar, en favor de su propia ideología vencedora la alegría de habernos vencido, aparentan ser felices de vernos. Dicen elegantes frases de bienvenida, fingen sorprenderse (gratamente, dicen) de que hayamos llegado, nos señalan, anunciándole a los otros nuestra presencia...
Nosotros, los solitarios, los huraños, los tímidos, subyugados entonces por la obligación de ser sociales, nos sentamos en un rincón, aclaramos que ni en pedo vamos a leer en voz alta, no, un poema corto tampoco, no, no hace falta que me presentes a nadie, estoy bien así, seguí con lo tuyo, andá tranquila, no tengo idea de quien es José, hola Pedro, que tal María, hola Ernesto, mucho gusto, sí, soy un poco tímida, bueno, está bien, soy muy tímida, no, no necesito ir al psicólogo por eso, estoy bien así, gracias, hasta luego...
E intentamos sobrevivir una reunión social más, para regresar casi indemnes a nuestra oscura torre.

viernes 30 de octubre de 2009

El mismo poema


A veces siento que una y otra vez
escribo el mismo poema.

¿Y si siempre decimos lo mismo con distintas palabras?
Como si hubiéramos nacido para decir una sola cosa...

Seguimos describiendo el camino de la misma manera,
pasamos por las mismas esquinas,
admiramos las mismas piedras.

Yo escucho las mismas voces,
y corto las mismas flores.

Regreso siempre al mismo punto...
Solo recuerdo los mismos momentos...
y no me quejo.

jueves 29 de octubre de 2009

La niña diosa


Como todos los atardeceres, la niña diosa fue encendiendo una a una las estrellas. Pero esa noche, distraída, jugando con las luciérnagas, olvidó encender una.
Los hombres, que miraban el cielo, notaron el suceso y ahora lo informaban alarmados al resto de la humanidad, haciendo extrañas conjeturas.
Dios padre tuvo que retar a la niña, aunque no quisiera. Ella debía ser muy cuidadosa, porque los hombres solían hacer enormes escándalos, por más trivial que fuera el incidente en el cielo.

miércoles 28 de octubre de 2009

Amarillo



"Es una hermosa camisa color maíz".
O "mirá esa remera color limón".
En todo el diálogo que tuve con una fabricante de ropa, ella ni una sola vez nombró al amarillo. Encontraba otras alternativas que consideraba más ¿elegantes? más... ¿descriptivas?, dando innecesarias vueltas.
No adivino aún cuál es el problema con el amarillo. No me parece mal encontrar una palabra para describir los matices de un color, pero que por esos matices se descarte el color es ridículo. No entiendo por qué alguien debe dar vueltas para no pronunciar una palabra, o no utilizarla cuando es necesario hacerlo, como si hubiera algo malo en ella.




(No puedo parar de escuchar esta canción. Hay altas posibilidades de que todo esto sea una excusa para postearla)

sábado 24 de octubre de 2009

Suerte

Solo le faltaba la escalera para ganar la generala.
Dijo:
- Vas a ver que sale servida.

Sacudió el cubilete, riéndose con la arrogancia de quien tiene toda la suerte del mundo a su favor, dejó caer los dados con suavidad y ahí estaba: escalera servida.

¿Qué es más poderosa, la suerte o la casualidad?

Un golpeteo menos del cubilete, un poco de fuerza más, un giro de la muñeca, y los dados hubieran caído de otra forma.

¿Leyes físicas, geométricas, matemáticas se ponen en juego para que me destrocen en la generala?

¿O es la suerte otra ley más en el universo, una que creemos arbitraria y caótica, pero no lo es?

martes 20 de octubre de 2009

El desierto y la lluvia

Aquí, en el desierto, nada es más cercano que la lluvia. Pensamos en ella, hablamos de ella...
Nada está más presente ni es más real. Vivimos para ansiarla, para extrañarla.
Porque vivimos con lo que no tenemos. Vivimos con las ausencias.