Araña



Pareció flotar en el aire: leve, sutil. hermosa.

Descendió desde el alto techo de madera oscura y se posó en el libro abierto, con sus largas patas que parecían demasiado finas como para llevarla a ningún lado.

Navegó entre letras, sin titubear, como decidida a conquistar ese mundo de papel y palabras que en realidad no sabía que existía.

Quizá con sus patas, trazó en la resbaladiza página, con un lenguaje milenario, la historia de todas las arañas, desde aquella primera que tejió sus telas, muchísimo antes de que los ojos humanos pudieran verla.

El se había dormido, la cabeza apoyada sobre la mesa, junto al libro abierto.

Había visto las telas de araña, como pegajosas obras de arte decorando la casa. Inclusive había visto a la artista, arrogante e indiferente.

No le temía a las arañas y con algo de indolencia la vio crecer e incursionar en los rincones de su casa, como si ella fuera la dueña, y él solo el insecto que había llegado allí quien sabe como.

El podría haberla matado. Un simple zapatazo o un golpe certero con un diario enrollado habían matado a tantas otras. El podría haber sido dios y verdugo para la mínima araña. Pero no lo hizo. Se dijo a sí mismo que había otras cosas que hacer.

Respondiendo a la misma naturaleza que los impulsaba, víctima y verdugo, una vez más, simplemente, cambiaron de rol, cuando ella inyectó el veneno en la mano dormida, y después de la silenciosa condena, regresó a su tela, con la satisfacción interna de la tarea cumplida.

6 comentarios:

  1. - Hay arañas peligrosas, como las personas, no?ahora la araña hace lo que su escencia aragnida le dicta, las pesonas, me parece, pueden elegir entre mandar veneno o abrazos de buena gente, será así? Yo creo que también es según su escencia. Ade

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  2. Que los habrá llevado a comportarse tan mecanicamente, todo tiene un porque sin duda alguna...
    Muy buen relato, como siempre.

    Te dejo un beso grande.;-)

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  3. Ade: Sin dudas. Nosotros podemos decidir. La araña actúa según su instinto. Beso.


    Adrianina: Muchas gracias. Quien sabe que pasa por la mente del hombre. La araña solo aprovechó su momento. Besos.

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  4. Ahora le tocó ejercer su naturaleza a la arañita, casi siempre es el hombre el que ejecuta su terrible naturaleza.

    Besos

    M

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  5. Magdalena: Pensé en muchas cosas mientras escribía este cuentito. Pensé en dos depredadores enfrentándose, pensé en las víctimas que se vuelven victimarios... En definitiva, no puedo resistirme a la tentación de ver a la naturaleza demostrándole al hombre que al fin y al cabo, ella manda y sobre todo, que nosotros formamos parte de ella, igual que la despreciada arañita. Un beso.

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  6. Ufff èl le perdóno la vida y ella no. Nuevamente me dejas tarea para reflexionar de como reaccionamos los seres humanos.

    Besos preciosa.

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