Cuentos en tercera persona


Una de las costumbres que ella tiene y le parece peculiar, es la de pensar en sí misma en tercera persona.

Por ejemplo: si camina por una vereda cualquiera, buscando sombra o sol, según la temperatura, saltando charcos, apurando el paso para alcanzar el colectivo a una hora específica, piensa: "ella camina por una vereda cualquiera, la más soleada (o con sombra, según, como ya les dije) salta un charco, va hacia la parada de colectivos, etc, etc".

Repito: piensa en sí misma en tercera persona, no habla de ella en tercera persona, como esos egocéntricos que se nombran a sí mismos. Al contrario, intenta no hablar de sí misma en lo absoluto.

Ahora mismo, otro ejemplo: ella, mira una hoja seca. No es otoño, está seca porque hace demasiado calor para Noviembre, y algunas plantas se secaron, soltando hojas disfrazadas de otoño...

Es como una práctica literaria. Como un juego más, que le gusta jugar. Como esconderse en un rincón, sentirse invisible, pasar desapercibida mientras los otros parecen tan entretenidos actuando una obra que ella solo disfruta, pero en la que no participa. Le gusta ese lugar que encontró, ni en el centro del escenario, ni entre el público: está en un rincón y la realidad no sabe que la está observando.

Porque ella a veces piensa en sí misma en tercera persona... (pero que estoy haciendo, esto ya se los dije, pero es que tiene mala memoria, olvida las listas de las compras sobre la mesa, tiene que hacer grandes carteles con las fechas de cumpleaños, no recuerda los números de teléfono y a veces, hasta abre un paréntesis y sigue escribiendo dentro de él sin recordar cerrarlo jamás.

La obsesión



Cruzar puentes peligrosos,
quemar las manos en el fuego de la esperanza.

Mi pequeña pesadilla cotidiana,
mi paraíso confuso y sin reglas,

En orillas con engañosas aguas tranquilas,
se juegan crueles juegos inocentes.

Escapé y caí.

No pido piedad, ni perdón.

El amor es un monstruo hermoso,
un fantasma, un demonio,
el ángel más bondadoso,
la más bella de las obsesiones.

La dibujante de vestidos de novia


Dibujar vestidos de novia era su hobby, su pasión, su arte.

Los dibujaba con los detalles que le gustaban en cada momento de su vida. A esa edad, la vida tiene otro ritmo y cambia rápido.

Según el ánimo, por ejemplo, los vestidos dibujados se vestían con diferentes colores: a veces eran negros, como si el vestido de novia se hubiera disfrazado de luto; a veces rosados, como caramelos de frutilla; a veces verdes, con la esperanza desparramándose en la tela..

Me pregunto que habrá pasado con ella... Solo recuerdo su nombre, Cinthia. Fuimos amigas entre los seis y los doce años, mas o menos.

Recuerdo que tenía una carpeta con los bosquejos de vestidos de novia, que llevaba al colegio y que nos permitía hojear solo si jurábamos cuidar cada preciada hoja, besando una cruz que hacíamos con los dedos (era en un colegio de monjas, pero ni idea de dónde había salido esa costumbre: decíamos lo juro, y haciendo una cruz con los dedos, la besábamos y jamás se nos hubiera ocurrido romper esa promesa).

Como no me gustan las fiestas, nunca soñé con mi fiesta de casamiento, ni a esa edad. Cinthia se espantaba cuando me preguntaba como imaginaba mi casamiento, y yo respondía que soñaba huir con mi príncipe azul, saltando por la ventana (de hecho, no fue exactamente así, pero más o menos).

Cinthia había planeado su casamiento y fiesta en medio de sus juegos infantiles. El futuro marido quizá cambiara casi todas las semanas: a veces era un compañero del colegio, otras, un vecino, otras, el "chico más lindo del mundo", que había subido al colectivo, pero su plan de casamiento no se modificaba. Ella sabía cada detalle. Era romántica con todas las letras...

Me pregunto que le habrá pasado... ¿Será diseñadora de ropa? ¿Se habrá casado?


La mujer dibujada


A medida que los dibujos tomaban forma, y los pájaros de lápiz negro volaban por la habitación, y las flores de crayón perfumaban el lugar, el dibujante decidió que había llegado el momento para su gran obra.

Se tomó mucho tiempo para dibujarla.

Cada trazo fue una caricia. Delineó curvas y virtudes. Sin embargo, como deseaba que su obra fuera perfecta, no borró ningún error, sabiendo que ellos, suelen dar ese toque ideal de belleza.

Permitió entonces los mínimos titubeos del lápiz, se permitió remarcar, con cierta elegancia, las líneas que no lo conformaban, pero dejó el dibujo así, casi despojado, decorado exclusivamente por los colores que sabía que había visto en sueños... y lo observó sintiendo que su propio corazón latía solo para darle vida.

Ella se observó al espejo. Acarició su cabello sedoso, sus pechos firmes. Recién creada, observó las otras creaciones y amó la libertad de los pájaros y el perfume de las flores que escapaba por la ventana.

El creador intentó abrazarla, porque la había dibujado para él. Pero no se sorprendió cuando ella abrió la puerta para irse, porque sabía que para que fuera tan perfecta, debía ser libre.

La norma del silencio


Las normas eran tantas, las posibilidades de quebrar las incontables leyes, estatutos, imposiciones y mandamientos tan altas, y los castigos para lo que el gobierno consideraba un error, o un insulto a su soberanía, tan violentos y crueles, que la gente del pueblo decidió hacer lo único posible en esas circunstancias: hacer lo que quisiera, a escondidas.

Pero esa actitud, nunca dura demasiado. Porque la lógica nos indica, que entre iguales, no debería haber órdenes. Y en los pueblos, todos deben ser iguales.

Un hombre fue hasta la casa de gobierno y se paró frente al secretario del secretario del gobernador.

- El gobernador me insultó - dijo.

El secretario del secretario, respondió:

- Eso es imposible. El gobernador no lo conoce.

- Sin embargo, me insultó. - Y sacó de su bolsillo una lista de leyes. - Todas me insultan, pero esta especialmente, no me deja dormir. Dice que no puedo hablar mal del gobierno, con nadie.

- ¿Acaso quiere hablar mal del gobierno? ¿Está usted loco?

- No. Pero quiero poder hablar si lo deseo. ¿Cómo el gobierno va a prohibirme que hable mal de él si creo que está actuando mal? Anote, anote mi queja. No estoy pidiendo mentir. Estoy pidiendo poder hablar de lo que veo mal, de lo que creo mal, de lo que siento... Con quien quiera, en donde quiera, sin perjuicio de nadie... En la plaza, en la esquina, en un bar... Con conocidos o desconocidos... Mis ideas me pertenecen, mi nombre me pertenece, mis palabras me pertenecen... Ni mi esposa me pide explicaciones por lo que digo, porque en mi casa somos todos iguales, y nadie da órdenes a los otros... ¡cómo debe ser! ¿Por qué el gobierno me prohibiría expresarme?

El secretario se rascó la cabeza. Debía llamar a los guardias y mandar al hombre a pudrirse en la cárcel por lo menos.

- Por su bien... Vuelva a su casa. Sea libre en silencio... - susurró. - Yo lo hago así, todos vivimos libres, en silencio... Quizá esa sea la única forma de ser libres realmente.

El hombre negó con la cabeza.

- Yo no. No puedo.

Y dando media vuelta, regresó a las calles del pueblo.

Atados

Ajustar el lazo, justo hasta ese punto en el que la razón no existe.

En el amor, nadie debería soltarse. Ese nudo no molesta. No duele. No te asustes.

Si todo en la vida son metáforas (¿qué más son los presagios? Metáforas del mundo, que muy pocas veces entendemos), estos lazos tan reales, tienen un significado etéreo, que nos atan al momento en donde ser libre significa no desatarse.

¿Y si en cuestiones del corazón, la exageración es un error obligatorio?

Atame, para demostrar que confío.

Para mostrarte que esa soga, solo es un disfraz, con sus nudos y su infinito poder de atarnos.

Atame, que si hace falta, escaparé sola.




Tom McRae. "You only disappear"

Respuestas


¿Hay algo más ruidoso que las calles y con menos respuestas?

Para saberlo, solo hay que hacerle una pregunta al caos de una avenida.

Nunca llegará la respuesta.

Adivinaremos gemidos y palabras,

susurradas a los gritos,

pero ninguna será la que esperamos.

Porque a la calle le importan las huellas,

pero no nuestras dudas...

Desnudo


Hay algo de magia en ver a alguien desnudarse...

Analizar las elecciones que se tomaron hace tiempo, quizá en la infancia y que se hicieron costumbre: primero el zapato derecho, o quizá el izquierdo, desabotonar de tal modo la camisa, la remera quitarla hacia adelante, o hacia atrás, primero un brazo (¿por qué ese, y no el otro? ¿por qué ese titubeo antes de doblar la prenda quitada...?).

Y esa calma al sentarse en el borde de la cama para quitarse el pantalón, con una mirada cómplice o un bostezo, quien sabe...

En calma, o con urgencia: me gusta ver como alguien se quita la ropa. Esa magia al despojarse de los disfraces que se usan todo el día... Sin pensar en lo que vendrá, solo disfrutando de otro gesto cotidiano que nos permite tocar la piel amada, que desnuda un cuerpo, como me gustaría poder desnudar, solo una vez, aunque sea, un alma...

Secretos.



Lleva su secreto de la mano,
por calles en las que llovió el sol y la luna.

Porque sabe que para eso son los secretos.

Para jugar con ellos,
ponerle nombres,
mimarlos un poco
y por fin, olvidarlos.

El monstruo escondido. (2)


No pudo matarlo.

En cambio, escondió a la criatura en una habitación cerrada de su casa.

A nadie le habló de él.

Se negó a responder preguntas.

No se atrevía a reconocer que amaba a ese monstruo y que ese amor lo avergonzaba.

Claro que tampoco le habló a la criatura de su amor. Lo alimentaba sin mostrar ternura, dejando la comida frente a él como si fuera un perro, y veía como la devoraba y veía el agua chorrear por la mandíbula deforme.

Sabía que excepto dejarlo vivir y alimentarlo, no podía cometer errores. ¿Qué haría el monstruo si supiera del amor de su creador hacia él? ¿Cómo reaccionaría? Podía pedirle privilegios a cambio de no abandonarlo, podía exigirle un puesto en su vida, podía inclusive salir del escondite y contarle a todos de su amor, y contar como él, que decía amarlo, lo había alimentado con migajas durante años, lo había encerrado fingiendo indiferencia, y frente a todos, vecinos, amigos, enemigos, mostrar su fealdad y decir: así y todo, él, me ama.

El caballero y el dragón


¡Que perfecta que era su princesa!

Ninguna sonreía como ella.

Ninguna era tan hermosa.

Es verdad que apenas la había visto unos minutos, antes de partir a cumplir con la promesa que le había hecho: convertirse en el perfecto caballero que debía ser para ser digno de su amor, pero él supo que no podía vivir sin ella. Aunque ella no le había hablado. Con timidez había desviado su mirada mientras él le juraba matar al dragón.

El caballero llegó hasta la cueva en donde la bestia se encontraba y sacó su poderosa espada. La visión del dragón le paralizó la respiración: era gigante y su piel parecía brillar en las tinieblas de la cueva.

Pero entonces, cuando sus ojos se acostumbraron a la oscuridad, vio que el dragón sonreía. Como si supiera lo que pasaría. Como si sintiera pena por él.

La voz del dragón lo sorprendió. Era grave y pausada. Como la voz de alguien muy sabio.

- Antes de entrar a enfrentarme... - dijo el dragón con calma - Quiero que pienses que nadie envía a quien ama a enfrentar su muerte... Y que si tenés que matarme para creerte digno, no lo sos y aunque me mataras, no lo serías, porque quien es digno no necesita gestos para demostrarlo.
Voy a contarte un secreto: la princesa ama al hijo de un campesino. El le escribe cartas en hojas arrancadas de un cuaderno y ella dibuja corazones con sus nombres entrelazados en su diario. El no necesita pararse frente a mi con su ridícula espadita, porque sabe que es digno del amor de su princesa y es por eso que ella lo ama. - Los enormes ojos amarillos miraron fijo al pálido hombre.

El caballero salió cabizbajo de la caverna. Arrojó al suelo su espada y volvió con su antigua novia.

(pintura: "White guardian", Ciruelo)

Fantasma de martes por la mañana.


El fantasma extendió la mano, con un gesto de conciliadora confianza.
Desde el espejo, pareció sonreír. No debíamos sentir temor. ¡Eramos tan parecidos!

Cuando yo lloro, el fantasma también.
Cuando hago muecas, buscando sorprenderlo, el otro se adelanta a mi mueca y la hace también.

No hay reproches. No hay venganzas ni rencores.

¿Por qué escapar a los fantasmas cuando no están persiguiéndonos?

¿Por qué huir cuándo sabremos que los extrañaremos si se van?

Al fin y al cabo, no hay mejor amigo que los propios fantasmas.

(pintura: Marso, "La couture")

Manos



¿Quién diseñó las manos,
bellas, defectuosas, perfectas,
pálidas, oscuras, tersas,
rugosas manos del hombre?

Me gustan las manos extendidas, abiertas bajo el cielo
sin esperar nada que no puedan conseguir solas...

Contradictorias manos...

Bailando en las teclas del piano,
arando en los campos.

Como deseo olvidar que las manos matan,
las manos señalan,
las manos engañan...

¿Habrán tus manos mentido caricias?

El tiempo


En cada rincón una historia que encierra un mundo.

En cada espejo un espíritu.

En ese charco el océano, reflejando todo el cielo y el universo.

En cada paso todos los caminos. En cada salto, todo un vuelo.

En una hora toda la vida. En una memoria todos los recuerdos.

En un beso todo un romance, en una lágrima toda la pena.

En una frase todas las palabras. En un secreto todos los secretos.

En esa gota de sangre, todas las matanzas. En esa injusticia todo el odio. En una búsqueda todos los titubeos.

Hasta que aprendamos que en cada segundo, se esconde todo el tiempo.

(pintura de Rob Gonsalves)