Fantasma de martes por la mañana.


El fantasma extendió la mano, con un gesto de conciliadora confianza.
Desde el espejo, pareció sonreír. No debíamos sentir temor. ¡Eramos tan parecidos!

Cuando yo lloro, el fantasma también.
Cuando hago muecas, buscando sorprenderlo, el otro se adelanta a mi mueca y la hace también.

No hay reproches. No hay venganzas ni rencores.

¿Por qué escapar a los fantasmas cuando no están persiguiéndonos?

¿Por qué huir cuándo sabremos que los extrañaremos si se van?

Al fin y al cabo, no hay mejor amigo que los propios fantasmas.

(pintura: Marso, "La couture")

9 comentarios:

  1. Y no hay peor fantasma que el de Nicolás Repetto.

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  2. me gusta el blog y seguro vuelvo pronto saludos desde la orillita del alto Uruguay

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  3. Gracias sobaco de cobra. Volvé cuando quieras. Saludos desde Buenos Aires.

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  4. Gracias señor de las letras. Beso.

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  5. A veces son necesarios, otras veces no, porque dan mucha lata.

    Abrazos.

    Graciela

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  6. Últimamente fantasmas y monstruos se meten en todos mis cuentos... Ya se me va a pasar. Beso.

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