
El bar era oscuro y hacía calor. No sé cuanta gente habría a mi alrededor, sentados frente a diminutas mesas con vasos y tazas sobre ellas. Los veía a través de la niebla del humo de cigarros, o eso creía, porque ahora, que estoy despierta, pienso que quizás la niebla era solo parte de la puesta en escena del sueño. La lógica de los sueños y la de la realidad no es tan diferente, los diferentes son los materiales con los que trabajamos en el sueño y en la vida real. En el sueño no era extraña la niebla dentro del bar, pero tuve que estar despierta para saber que no era extraña. Yo solo estaba atenta a la música que sonaba. Duke Ellington, en el piano, vestido de blanco, con un sombrero blanco echado hacia atrás, tocaba la música más bella posible.
Pero entonces, la música comenzó a cambiar y de repente, reconocí Penny Lane. Miré a mi alrededor, esperando que alguien más notara que eso no era correcto. ¿Por qué estaba ese joven Duke Ellington tocando una canción de los Beatles? Pero nadie lo notó, obviamente. Muchas de las sombras detrás de la niebla, no parecían ni siquiera oír la música. Solo yo estaba despierta. El resto actuaba, pero parecían dormidos.
Me quedé sentada un rato más, escuchando la extraña versión de una canción sonando en un pasado en el que aún no existía, en un sueño que ocurría en el futuro, que era mi presente...







