El puente


Si bien nadie lo decía, porque era evidente que alguien lo había construido, todos sentían que el puente siempre había estado allí. Algunos abuelos recordaban viejas historias sobre el pueblo antes del puente, pero como no eran interesantes, nunca las contaban.

Cada tanto una cuadrilla de trabajadores llegaba y reparaba los daños del tiempo. Se iban en su lenta camioneta, cruzando el puente recién reparado, y perdiéndose en una nube de polvo en el horizonte.

El puente no era particularmente bello, ni largo. Los niños lo cruzaban corriendo, porque parecía muy firme y no infundía temor. Era útil, natural en el paisaje por su persistencia en estar allí y nadie le daba importancia.

Como siempre pasa, fue durante una fuerte tormenta que lo que parecía irrompible, se rompió. Al calmarse los fuertes vientos y cesar la lluvia, en el pueblo contaron a los habitantes para estar seguros de que el derrumbe no había arrastrado a alguien con él. Todos estaban a salvo, y se festejó la noticia. Después, los habitantes se acercaron tímidos al borde del puente que ya no existía y por primera vez notaron, en forma consciente y absoluta, el abismo.

14 comentarios:

  1. las cosas mas habituales suelen ser las más preciosas

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  2. Es que lo que tenemos desde siempre aparece como natural y no nos damos cuenta de que no lo era.

    Besos.

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  3. Muy cierto! Y lo has dicho con elegancia y con ese fino toque personal Marcela. A mi me pasó algo similar hace unas semanas, cuando me bebí tres cajitas del vino de consagrar seguidas, una detrás de la otra, y no ví el abismo... vaya golpe!

    Bendiciones amiga, siempre me llevo algo bueno de acá :D

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  4. Que bueno!!!!!
    Me encanta.
    Es un privilegio leer todo lo que escribes.
    Me lo paso muy bien.

    Besos.

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  5. Qué fineza Marcela, tus letras van más allá de una simple mirada y llegan más allá aún.
    Me encanta!
    Un abrazo.

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  6. Que buena analogìa, con la pèrdida de un ser querido.

    Lo aprecias màs, cuando se ha ido.

    Buen texto. Bello.

    un abrazo.

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  7. ¿Habrá alguien en el pueblo notado los dos abismos? El que se divisa con claridad mirando hacia abajo y el que los separa de la otra mitad del pueblo… la que antes se unía con un puente.

    Qué buen cuento, lo leí con la imagen en la cabeza del puente que estaba a dos cuadras de la casa de mis abuelos.

    Un beso,
    D.

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  8. La nostalgia... ese es el abismo que nos queda...

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  9. Que seria de nosotros sin los puentes, sin los puentes que nos unen las orillas...

    Bello texto, amiga

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  10. Precioso cuento. La imagen me trajo recuerdos del paisaje y la fotografía del Laberinto del Fauno, con rocas en su construcción y rodeado de bosque.

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  11. Ya que recuerdo, un poeta de mi tierra escribió: "la mirada de una mujer es el puente que nos traslada al otro lado del día". Gonzalo Fragui.

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  12. Y, sí, la rutina no nos deja ver el abismo, y, a veces, cuando lo vimos ya es tarde.

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