El final de la escalera



Hace ya mucho tiempo que subo esta escalera. Durante los primeros días no era extraño porque aún recordaba a donde quería llegar. Ahora lo olvidé, así que subo porque es lo que debo hacer. A veces estoy tan cansada que me arrastro por los escalones y los subo por inercia. Pero no puedo detenerme. No sería justo. Alguien debe esperarme en el sitio al que voy. Es obvio, sino, ¿por qué subiría? Ya olvidé quien es, pero eso no es excusa para abandonar mi tarea.
Cada tanto me empujan y caigo. No me quejo, pero me molesta cuando en la caída resbalo algunos escalones y debo volver a subirlos. Hacer dos veces lo mismo, sobre todo en una acción tan repetitiva como subir por una escalera, es muy molesto.
Me gustaría saber cuánto falta para llegar. Me gustaría en algún momento ver el final del recorrido. Pero supongo que eso es pedirle demasiado a algo tan inerte como una escalera. Dudo mucho que ella sepa cuál es el final de sí misma, ni si existe ese final que todos creen estar buscando. Yo no sé cual es mi final. Yo no sé si el final de la escalera existe.

Romance perfecto



Ella dijo que soñaba con él, mientras barría las hojas secas del patio. Sabía que iba a llegar algún día.
Me pregunto si lo habrá reconocido cuando sus caminos se cruzaron. Probablemente no: lo que soñamos y lo que vemos cuando el sueño se hace realidad, no es igual. Y las similitudes debemos ir encontrándolas, o tallándolas en la vida real.
Quizás, más adelante, ella habrá sabido que lo reconoció al verlo, porque muchas veces necesitamos tiempo para comprender que sabemos algo.
Ella dijo que no fue amor a primera vista. Y no creía en el amor a primera vista.
El sí decía que había sido amor a primera vista. Pero creía en el amor a primera vista.
Así que podríamos decir que fue un romance perfecto.

Vicio



Me pesan los años de estar con él y de no estar con él,
como me pesan los atardeceres no vistos.

Me deshojé tantos otoños,
agoté tantas riberas esperando esa única ola.

Ahora esperar lo que no sé si quiero es un vicio más,
uno más, que deberá ser satisfecho o abandonado
antes de que me alcance la niebla.

El ídolo real


Frente a los ojos atónitos y las bocas abiertas de los fieles devotos, León, usando una simple piedra como martillo, rompió con poco elegantes pero minuciosos golpes la estatua del ídolo. Las dos piedras chocaban haciendo sonar una extraña música que hacía volar por los aires astillas y pedazos de un ojo, de un ala, de un diente divino. Los presentes estaban horrorizados, observando como su Dios iba cambiando de forma con cada mazazo, pero nadie se atrevía a intervenir en el ataque porque la estatua se encontraba en el sector prohibido para los fieles, así que fueron los tres sacerdotes solos quienes consiguieron sostener al atacante, no antes de que la imagen quedara seriamente dañada. León era conocido como el más leal de los seguidores del Dios y la actitud sorprendió e indignó a todos. Mientras lo arrastraban fuera del templo, él gritaba:
- Para que algo sea real debe poder romperse...

Mariposas

Posted by Picasa

¡No te estoy siguiendo! No es mi culpa que vayas delante de mí, al mismo lugar al que deseo ir yo, y que ese lugar sea, simplemente, el lugar al que decidas ir.

Divagues de un día en solitario


Como todo solitario que no sabe estar tan solo, espero el regreso de quien se va.
No me gusta esperar, pero espero.
Espero el fin de semana y la llegada de los lunes.
Espero la llegada de las frutillas y de los jazmines.
Espero el siguiente minuto, y fielmente, lo dejo pasar.
Esa es la regla, la ley que no debe romperse: debemos dejar que lo que esperamos se vaya, porque todo lo que vale la pena esperar debe ser libre de irse para volver.

La niña frente al puente

Hay una edad en la que somos niños pero no lo sabemos con certeza. Hoy sé que era niña. ¿Se puede ser demasiado niño? ¿Se puede ser demasiado adulto?

(¿Se puede ser demasiado de cualquier cosa si eso es lo que, simplemente, somos?)

No estoy disculpándome, solo digo que en ese momento yo, al menos, era una niña, pero jugaba a ser adulta, por eso cruzaba los puentes sin pensar si era seguro o si era lo correcto. Porque solo una niña cree que para actuar como adulto debe cruzar los puentes sin temer ni dudar.

Las decisiones importantes las tomaba a oscuras (creía, también, que hay que apagar las luces para no ser cegados por ellas y de ese modo evitar equivocarnos), y estaba orgullosa de pensarme adulta y al mismo tiempo esconder en el bolsillo un chupetín de naranja.

No me arrepiento, sea como sea, el puente fue cruzado, encontré un mundo del otro lado y fue la decisión correcta. Ahora debo decidir, frente a otro puente. En la oscuridad busco a la niña, para que me ayude.

Miradas




En algunas noches de sueños intactos,
la oscuridad tiembla y sangra.

Y mis manos dibujan palabras
que nadie lee en la niebla.

Dejé mi alma junto al libro abierto,
en una página ajada de flores secas.

Y aún no encuentro las palabras justas,
para expresar lo no dicho.

Debería hablar de miradas, de esperas,
de noches y de flores secas.

De bosques no vistos, de pájaros azules,
de lluvias demasiado tenues.

Y no dije nada, y lo dije todo,
y ahora falta que veas mi mirada.

Torres y viento



Me gustan los mundos de torres añejas,
y de ladrillos gastados seducidos por el viento.

El mundo no debería tener puertas,
tan inseguras al estar cerradas.

Ni ventanas mirando a los ojos ausentes.