La niña frente al puente

Hay una edad en la que somos niños pero no lo sabemos con certeza. Hoy sé que era niña. ¿Se puede ser demasiado niño? ¿Se puede ser demasiado adulto?

(¿Se puede ser demasiado de cualquier cosa si eso es lo que, simplemente, somos?)

No estoy disculpándome, solo digo que en ese momento yo, al menos, era una niña, pero jugaba a ser adulta, por eso cruzaba los puentes sin pensar si era seguro o si era lo correcto. Porque solo una niña cree que para actuar como adulto debe cruzar los puentes sin temer ni dudar.

Las decisiones importantes las tomaba a oscuras (creía, también, que hay que apagar las luces para no ser cegados por ellas y de ese modo evitar equivocarnos), y estaba orgullosa de pensarme adulta y al mismo tiempo esconder en el bolsillo un chupetín de naranja.

No me arrepiento, sea como sea, el puente fue cruzado, encontré un mundo del otro lado y fue la decisión correcta. Ahora debo decidir, frente a otro puente. En la oscuridad busco a la niña, para que me ayude.

7 comentarios:

  1. dificil volver una vez pasado el puente...además, lo que atrae el lado oscuro

    ResponderEliminar
  2. Ojalá la encuentres.
    Su ayuda es importante.

    Besos.

    ResponderEliminar
  3. El tiempo no vuelve atràs.

    Bien relatado, igual.

    un abrazo.

    ResponderEliminar
  4. Buen relato, Marcela. La niña sigue ahí, llamala y aparecerá.

    Saludos
    Jeve.

    ResponderEliminar
  5. Creo que buscar nuestro niño interior, dejarlo jugar, es algo necesario, una forma de recuperar nuestro verdadero yo.
    Inspirador texto.

    Abrazo

    ResponderEliminar
  6. se me vino a la cabeza una imágen... como sí siempre aestuviésemos acompañados por nosotros mismos y en los momentos duros o felices nos diéramos la mano, ya sea para tomar una decisión o sólo para disfrutar un momento


    besos grandes marcela

    ResponderEliminar
  7. Segunda vez que leo sobre puentes, pero la gracia es que yo estaba pensando en puentes. Qué díficil palabra.
    Me gustó.

    ResponderEliminar