El desierto

¿Por qué se repiten los sueños? Tengo sueños contradictorios. Sueño con estaciones de tren, eso lo entiendo, pero también sueño con el mar y con desiertos.

El desierto en mis sueños brilla. Como si la arena quisiera competir con los glaciares y las nieves eternas brillando en la noche, o con el charquito de mi vereda. Creo haber leído (¿en el principito?) que el desierto en la noche brilla. En mis sueños me siento y miro la inmensidad sin hacer nada, dejando pasar las horas. Es raro, porque en otros sueños, suelo estar muy apurada. Y en esos simplemente me quedo allí, sin miedo pero sin paz tampoco.

En el mar, en cambio, siempre estoy, en mis sueños, al borde de tsunamis, sobreviviendo a grandes olas, intentando sin éxito nadar hacia la orilla.

Aparentemente, en el desierto, estoy como resignada. Como si supiera que caminar hacia cualquiera de los puntos de cardinales, será inútil.

Reconozco que si me encontrara en medio del desierto, lo único lógico que se me ocurriría, sería buscar a la serpiente para volver a mi estrella.

Escapar volando

¡Que bueno que es no poder volar!
Si pudiera volar, tantas veces hubiera cometido el error de irme volando.

Si pudiera extender los brazos y simplemente elevarme,
no mirar hacia abajo, flotar cerca del cielo, dejarme estar, simplemente,
lejos del mundo, lejos...

Y que sensación hermosa,
que pálida alegría,
¿Hará cosquillas cruzar a través de una nube?

Dejar en tierra el celular...
No, no me animo, a lo mejor lo extraño demasiado...
o quien sabe si allá arriba, tan lejos, no lo necesite.

Mejor llevo el celular y un libro,
Por las dudas, por si me aburro...
Podría llevar las cartas de Vincent Van Gogh a Theo,
o "Memorias de Adriano",
que nunca me canso de releerlos...

Por eso, que suerte no poder escapar volando...
Debe ser de aburrido...

La rebelión de los personajes 2

Me despertaron fuertes sacudones. Casi me caigo de la cama, cuando el asesino me sujetó del brazo obligándome a levantarme.

- ¿Pero qué pasa...? - alcancé a preguntar.

El héroe ya había puesto la pava con agua al fuego y contaba las cucharaditas de café instantáneo en tres tacitas.

- Ya te dije que quiero un té - dijo el asesino.

- Solo hay sabor canela, manzana, o... buaj, té verde - informó el héroe. Me miró: - ¿Por qué no tenés té común, como en las casas normales?

- ¿Y qué sabés vos de casas normales?

- Sé que no tienen diez clases distintas de té, todos intomables.

- Son los que me gustan. ¡Son las dos de la mañana! ¿Qué quieren? - pregunté, mientras con la mirada verificaba que Lolo estuviera a salvo.

- Queríamos saber si estabas bien - dijo el asesino.

- El estaba preocupado. Yo solo quería vengarme. Con los gritos de la pelea nos despertamos todos - dijo el asesino - No es justo que después duermas como un angelito...

- Siempre me cuesta dormir... Y con ustedes rondando más difícil todavía... Gracias, pero estoy bien. Fue una tontería... ni siquiera debería haber discutido... - reconocí. Disimuladamente, llegué hasta la puerta, y saqué a Lolo de las llaves, sujetándolo firmemente. Escuché que el héroe se echaba a reír.

- No te preocupes. No lo voy a intentar secuestrar más... ¡Dentro de poco va a ser la única pareja que vas a tener!

- ¡Ahora sí! ¡Te borro definitivamente! - lo amenacé.

- Tomá el café y analizá seriamente las posibilidades. Si te separás, vas a tener más tiempo para escribir nuestra historia... - dijo el héroe.

- Lo que tiene que importarle es su propia felicidad... Siendo feliz estaría más dispuesta a escribir... - agregó el asesino. Pero el otro lo interrumpió:

- Todos saben que los infelices escriben mejor y más prolificamente... Claro que... en este caso... considerando su vida sentimental debería ser Shakespeare... -

- ¿Pueden dejar de hablar de mí como si no estuviera presente? - pregunté. - Mi vida sentimental está en perfectas condiciones... Y ustedes están en problemas. ¿Saben lo que voy a hacer?

- ¿Qué? - preguntaron los dos al unísono.

- Irme a dormir. Y ustedes, laven las tazas cuando terminen.

Claro que a la mañana siguiente las tazas estaban sobre la mesa.

Vida ajena

No basta ser uno.
Debemos ser el que baila, el que mata,
el que muere y el que canta
voces de tierras extrañas.

Vi el desierto y crucé las horas.

Más allá de nuestro jardín
las aves en el cielo
se recuestan y descansan.

Se que sueño
las vidas de otros.
Como si viviera vidas ajenas.

Sé que vi el principio y el fin,
el fuego y la celda.
Vi las hojas quietas de los árboles
antes de una tormenta.

La miel, la sal, el humo y la siesta.
Está todo en nuestras vidas.
En tu piel, en mi piel, en el aire.
El gemido, el gruñido,
la lágrima, la espada,
el cielo, la arena, el miedo y el agua.

La rebelión de los personajes o la explicación de por que nunca voy a ser una escritora en serio.

Supe que habían escapado de nuevo cuando escuché sus voces detrás de mí.
El asesino: Ahí está, otra vez... con el chiste ese del blog.
El héroe: Yo no le hablo más... Hablale vos. Todos saben que sos su favorito.
Aparté la vista de la pantalla y los busqué con la mirada, hasta encontrarlos. Se escondían detrás de la puerta, asomándose disimuladamente como chicos jugando a las escondidas.
Yo : No tengo favoritos. Vuelvan a la historia. Prometo que mañana intento escribir algo.
El héroe empujó al asesino fuera del escondite. Sin embargo, somo siempre, habló él.
El héroe: No queremos molestar... ¡pero estamos aburridos! Lo último que hice fue enterarme que este es el asesino, emborracharme, peleamos, me dio un cuchillazo, me operaron, me volví a emborrachar y...
Yo, interrumpiéndolo: Ese capítulo va a ser revisado.
El asesino: Por suerte... Es ridículo que yo no pueda matar a este idiota... - suspira aliviado.
El héroe, mirándolo de frente evidentemente molesto : Hasta un chico sabe que al final de la novela yo te mato... -
El asesino: Claro que no. Esta es la típica historia realista con un final triste que busca hacer reflexionar a la sociedad... - me mira - Decile, decile, no lo mantengamos engañado... -
El héroe, señalándome con un dedo: ¿Ustedes planearon algo que yo no sé?
Yo, previendo la aburrida discusión, que ya había oído mil veces, negando con la cabeza: Claro que no... Apenas tengo una idea del final...
El asesino: Te conocemos... No crees en los finales felices. - me miró con una piedad que me sorprendió.
El héroe, molesto: Por lo que yo sé, no cree en los finales... ¡Nunca termina una historia!
Yo: Voy a terminar esta... creo... pero para hacerlo, ustedes tienen que estar listos... preparados para la acción... ¿Qué voy a escribir si ustedes se escapan dos por tres?
El héroe: Estoy tentado a no volver... a escaparme definitivamente, como hizo el protagonista de tu película favorita de Woody Allen... El de "La rosa púrpura del Cairo"
El asesino: El personaje no se escapa definitivamente... Vuelve al final, ¿te acordás? Y su película favorita de Woody Allen es Septiembre - me sonríe, como queriendo demostrar que me conoce más que el otro.
Yo: No discutan más... Vuelvan a la historia. Esperenme ahí.
Pero el héroe buscaba roña.
El héroe: - ¿Y si te ayudo a concentrarte?
Cruzó corriendo el comedor, sujetó las llaves que colgaban en la cerradura, y con rapidez les sacó el llavero.
Yo, gritando: ¡No! ¡Lolo no!
Lolo me miró desesperado. O todo lo desesperado que puede. Es estoico y valiente y no quiso mostrar temor. El asesino se cubrió los ojos sacudiendo la cabeza. El héroe mantuvo en alto a su rehén.
El héroe: Sentate a escribir. O Lolo muere.
Yo, furiosa: Si borro la historia completa, vos dejas de existir.
El héroe, con un destello de lucidez que sorprendió al asesino y a mí también: Existo dentro de tu cabeza, no en un documento de word.
El asesino, riendo: ¡Esta vez te tiene!
Yo, mirándolos a los dos con el ceño fruncido, (una expresión que nunca asustó a nadie y que por supuesto no asusta a los personajes en rebelión) : Devuelvanme a Lolo.
El héroe: ¿Que se puede esperar de una mujer de 35 años con un llavero con nombre? - lo arrojó por el aire. Lo alcancé antes de que cayera al suelo.
Yo: Todos los llaveros deberían tener nombre. Así podemos llamarlos cuando se nos pierden las llaves.
El héroe, burlándose: Jaja, que buen chiste. Esta vez la sacaste barata, porque no tengo ganas de pelear. Escribí, o la próxima va en serio.
El asesino me guiñó un ojo, mientras convencía al héroe de que volvieran a la historia.
Yo consolé a Lolo, que aún temblaba del susto, y volví a escribir en el blog.