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jueves

Normalidad

Te piden que vuelvas a la normalidad. Que aceptes lo roto, para estar nuevamente entero. Que aceptes lo perdido, para encontrarte. Y a todos esos consejos tan bienintencionados, se dice que si, porque es más fácil decir que sí, y porque tienen razón.
¿Pero cómo se hace?
El tiempo no cura nada, sólo fabrica cicatrices, con una habilidad sublime, es verdad, pero la cicatriz está ahí, para ser acariciada. Nunca creí que algo que deja cicatriz pueda curarse.
Porque se curan las enfermedades, pero no el dolor. El dolor no es una enfermedad.
La verdad es que me gusta saber que curar ciertos dolores es más cruel que aceptarlos.

sábado

Desconocidos

Desconocidos preguntándose como dejar de serlo.
¿Verá el otro mis palabras, entre la multitud de palabras? ¿Me verá, realmente?
Estar frente a frente no es verse y chocarse no es encontrarse. Nos encontramos desde lejos, y desde antes. Es la ley.
La soledad es tentadora, porque no exige esfuerzos. El desconocido amenaza con transformarse en su opuesto.
¿Hay que permitirlo?

Duda


Somos pequeños y deberíamos mirar la vida con curiosidad. No es la edad la que sabe encender la mirada. Es otra cosa. La forma en que miramos, desde el deseo, desde el interés, es lo que define quien somos. Es profundo y simple. Creemos en dudar, o creemos en estar seguros. Si dudamos, crecemos. Si no, cerramos puertas en la seguridad de que no hace falta mantenerlas abiertas. Y siempre seremos pequeños.

jueves

Lo intangible



Confío en mi pulso para guardar lo intangible. 
A lo intangible no le importa que roben una diminuta parte de todo lo que abarca.
No guardo una imagen: guardo el disparador de un recuerdo. El momento se encoge de hombros y sonríe casi con pena de mi deseo de atarlo a mi muñeca. 
El momento se deja acariciar y después se va, como todo lo que importa. 

lunes

Futuro



Una hilera de árboles, una vereda rota, es lo que deseamos creer que une al presente con el futuro. Pero nuestros pasos recorriendo el camino siempre están en el presente.
Llegar a él es, de todo lo imposible que nos rodea, lo que más nos duele.
Organizamos nuestra vida mirando hacia adelante, un adelante que queda detrás de un puente roto. Nunca habitaremos el futuro. Estamos anclados al presente. Dulce o amargo, es todo lo que hay. Es todo lo que queda.  

Isla de otoño

Llueve después de una noche
de sueños no dormidos.

Llueven gotas de colores no inventados.

Lluvia fría y sola,
húmedas manos.

¿Quién irá ahora a visitar
 una solitaria isla de otoño?

¿Quién aceptará ser amigo del viento
cuándo es tan frío?

Trae voces viejas el viento,
palabras viejas
en sus ráfagas,
palabras
en las gotas arrastradas,
palabras perdidas,
dichas en un pasado tan remoto.

Todo en una lluvia.
Todo en una isla de otoño.



miércoles

Jaulas


A veces deseamos ser invisibles,
Ser de niebla.

Una sustancia etérea,
tenue, un perfume.
La humedad en la piel,
pero no la piel,
solo el calor transformado
en vapor translúcido.

Pero negar el cuerpo es ansiar
una vida sin sentir una caricia,
sin sentir la fuerza del abrazo,
el pinchazo profundo
del golpe de estar vivos.

Y no me atrevo a rechazar
el querer y complacer,
el acariciar la sombra
de la cicatriz, de la herida.

Somos inevitablemente la jaula y el ave.

Islas climatizadas

Winter Pictures, Images and Photos


Tantos avances de la ciencia, tanta inversión en tantas cosas inútiles... ¿Cuándo van a inventar los bancos de plaza climatizados? ¿Qué tan difícil puede ser?

Imaginen ir caminando por la calle, con 35 grados de temperatura, y de repente, ver nuestra isla nevada.

Y lo mismo en los más crudos inviernos: Islas soleadas con temperaturas veraniegas.

Porque somos humanos: en verano extrañamos el invierno y en invierno, ansiamos el calor. Y todos los veranos y todos los inviernos negamos lo dicho en la estación opuesta. Quizás así debamos ser para avanzar, inconformistas eternos, buscando lo que no tenemos y lo que al tener, despreciaremos, aburridos, desilusionados, volviendo a buscar lo perdido o lo dejado de lado para conseguir lo que ahora descubrimos que no queríamos tanto...

Las islas serían, entonces, un escape climático. Siempre son la excusa ideal para detenernos un instante, siempre son un recreo. Imaginen entonces estar todo el día maldiciendo el calor y poder descansar en una isla nevada. Solo cinco minutos, robados al trabajo, a las obligaciones, a la realidad. Y comeremos un helado en la isla nevada y un chocolate en la isla veraniega (porque las golosinas las compraremos, lógicamente, afuera de la isla, y serán acordes a la verdadera estación del año en la que estamos, no a la de la isla, pero no importa).

Porque no es lo mismo entrar a un café con calefacción o en un shopping con aire acondicionado. Tiene que ser así, en medio de la calle, libre, para todos, unido y aislado, en medio de la ciudad y fuera de ella por mérito propio. Como todas las islas. Allí, al alcance de la mano, e invisibles excepto para quienes las buscan.

viernes

Ocultos

Ocultarse es un arte. No basta con esconderse en un recoveco del mundo. O huir a tierras lejanas. Los que se ocultan lo saben bien, porque desde el principio de los tiempos lo vienen haciendo.
Se hereda ese don, o ese gusto (puede ser, como todas, una decisión arbitraria que no guarda relación con ningún temor o pecado) y se va perfeccionando con años y años de ocultamiento.
Uno se esconde en una selva, otros prefieren desiertos con piedras desgastadas por la arena, otros escogen ciudades grises. Algunos se ocultan en sus casas, otros en oficinas llenas de papeles, alguno en un patio de césped recién cortado. Las posibilidades son muchas y pueden ser escogidas según la edad y el humor.
Yo me he ocultado en varios sitios, algunos efectivos, otros, no tanto. Pero sigo prefiriendo para esconderme esas islas a la vista de todos, que nadie mira.

jueves

Islas

Como toda niña, deshojó margaritas, contando los pétalos sin interés en el número. Pero las margaritas del mundo se agotaron sin darle una respuesta.
Entonces deshojó palabras, y luego letra tras letra. Deshojó años, meses, días, horas. Deshojó tormentas y tardes soleadas. Deshojó el espacio, arrojando estrellas frente a sus pies. Esperó al otoño para deshojar al viento de sus hojas secas. Esperó el verano para deshojar largas tardes en la playa. Deshojó su propio cuerpo de las ropas. Y así, desnuda, se encontró sentada en el viejo banco, con la respuesta en sus manos.

sábado

Islas

fotografo: johannrela


Mientras me estancaba en el molinete del subte, por querer pasar muy rápido con una valija demasiado grande, y un atento caballero intentaba ayudarme, y una mujer se tropezaba con el maletín que el atento caballero dejó en el piso para auxiliar a la rubia tonta con problemas para calcular mentalmente tamaños y espacios, y uno de los chicos de seguridad de la estación ayudaba a la mujer caída a ponerse de pie y me decía que la próxima vez que se me ocurriera pasar con una valijota por el molinete le avisara, que tenía que ir por otro lado, y la gente se agolpaba en los molinetes mirando apenas la escena, como si fuera una obra montada para su diversión, y yo pedía disculpas al guarda, al atento caballero, a la señora que se frotaba la rodilla, al público usuario, y sujetaba firme a la causante de todo el caos, que rodó, algo maltratada, del otro lado del molinete, pensaba, para superar el mal rato, en una de mis islas, en alguna plaza de viento susurrante, niños jugando, y corazones dibujados en la madera, con sabor a chocolate y dulce de leche.