Universos robados

Alguien, alguna vez, robó un hermoso universo, lleno de palabras elegantes y cálidas y buscó un lugar adecuado en donde poder disfrutarlo.
No era tarea fácil. Los universos robados son inestables y suelen escapar, o repentinamente disolverse en el aire. Había que encontrar un sitio que lo convenciera de desplegar toda su magia, sus nubes y charcos, sus brisas y relámpagos y que lo hiciera sentirse en casa con tanta fuerza que la idea de irse desapareciera.
Después de mucho pensar lo dejó en el jardín. Durante días lo regó y protegió y tuvo paciencia.
Una mañana escuchó un extraño golpeteo creciente en los cristales de las ventanas. Al mirar hacia afuera vio un enorme océano. No había orillas. No había islas. Sólo enormes olas que crecían.

¿Quién crea los universos, tantas veces ajenos a los deseos? ¿Quién crea los mundos: el que lo delinea o quien está intentando habitarlo?

Me ha sido dado un universo: no se como será, pero no puedo evitar el dudar si soy quien lo transforma, o todos sus colores ya fueron pintados antes de que yo llegara...

¿Me pertenecerá alguna vez mi pequeño universo?

Ojos cerrados


La casa cerró sus ojos. 
Se cansó del gris que la rodea. Prefiere imaginar colores y dibujarlos en el interior de sus ojos cerrados. 
Ya no hay más diversión en la gente que pasa. Ya no hay colores en ellos.
 Van y vuelven y giran y se cansan. Como palomas grises sacuden alas, en ellos inexistentes. Pero la casa ya no quiere lamentar las raíces que limitan los pasos de quienes creen que pasan. 
Otra mañana despertará sabiendo que abrirá los ojos. Verá si algo cambió, si la ciudad se pintó con colores nuevos. Dejará de fingir que duerme, para estar despierta, con ojos abiertos o cerrados.  


Lo intangible



Confío en mi pulso para guardar lo intangible. 
A lo intangible no le importa que roben una diminuta parte de todo lo que abarca.
No guardo una imagen: guardo el disparador de un recuerdo. El momento se encoge de hombros y sonríe casi con pena de mi deseo de atarlo a mi muñeca. 
El momento se deja acariciar y después se va, como todo lo que importa. 

Futuro



Una hilera de árboles, una vereda rota, es lo que deseamos creer que une al presente con el futuro. Pero nuestros pasos recorriendo el camino siempre están en el presente.
Llegar a él es, de todo lo imposible que nos rodea, lo que más nos duele.
Organizamos nuestra vida mirando hacia adelante, un adelante que queda detrás de un puente roto. Nunca habitaremos el futuro. Estamos anclados al presente. Dulce o amargo, es todo lo que hay. Es todo lo que queda.