Diario de una mujer a la que nunca le pasa nada (1)


Hoy me levanté temprano. Diría demasiado temprano, pero como todo esto de los horarios, de lo temprano o de lo tardío es tan subjetivo, solo diré que fue temprano (¿temprano con respecto a qué horario? ¿Temprano para qué? ¿Tarde por qué?). De modo que es relativamente temprano. Un poco temprano. Apenas temprano.
Como quedarme despierta en la cama me parece sinónimo de perder el tiempo, me levanté y preparé café. Un café cargado, que me engañe con su falsa sensación de dar energía. No soy vieja, y necesito sentirme joven. Pero como esto de la vejez y de la juventud es tan subjetivo, solo diré que no soy vieja. Al menos no a esta hora de la mañana. No con una taza de café tan cargado. Y menos aún si hay galletitas dulces sabor vainilla.
Debería organizar mi día. Nunca tengo tiempo para nada.

pintura: Kofetarica, de Ivana Kobilca

8 comentarios:

  1. Quien escapa siempre encuentra tiempo para escapar, se le libera la agenda, le dejan de importar las banalidades, así que se debe escapar del tedio, de la repetición interminable de la rutina, de la juventud y la vejez como conceptos, ellos te persiguen como una fiera. Sólo debes soltar todo y correr. Un gran beso.

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  2. Que delicia Marcela!, que delicia este texto que se plantea y luego no le importa, pero a pesar...y la nada en medio del vacío y todo eso tan ocupado.

    Abrazo.

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  3. Buen inicio: se paladea con ella el café, se siguen sus pensamientos y hasta se mira uno en lo que tiene cerca para ver cómo está hoy de viejo.

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  4. Muy buena presentación, espero el texto siguiente, ojalá lo subas "medianamente temprano".

    Abrazo
    Jeve.

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  5. Bueno, pero ¿qué tan dulces esas galletitas? Porque están esas dulzonas que pierden sabor si el café es muy dulce o esas saladitas con una capita azucarada que comen las señoras mayores... pero, en todo caso, ¿qué tan mayores?
    D.

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  6. Temprano para que sea tarde y tarde para que sea temprano.
    El eje sobre el que uno pivotea para marcar el ritmo de su vida adolece de estas marcas arbitrarias.
    Y aunque la vejez es una cuestión de tiempo, como la juventud, podemos decir que es demasiado temprano para la vejez.
    El café como ceremonia y las galletitas de vainilla como travesura.
    No se puede ser otra cosa que joven. Podemos esperar luego una joven vejez, o una vejez joven (si se me perdonan los oxímorones), pero eso tiene que ver con despachar en disidencia muchos lugares comunes que deciden de antemano cuándo ocurre cada cosa.
    ¿El desorden no es una forma de organización?

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  7. Diario de una mujer sabia.

    Ese es el título que yo le pondría.

    Besos.

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  8. No le pasará nada (como a todo el mundo), pero desde luego piensa. Besitos.

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