El misterio de eso que no olvidamos, pero que la memoria decora con nostalgia. Uno recuerda la belleza de la casa, más grande, más bella de lo que era. Y los pobres ladrillos toscos se pintan con un elegante sinónimo de calidez y la vieja puerta deja de rechinar para nunca cerrarse ante un amigo, esas enredaderas que tanto costaba podar se ven siempre verdes...Dos bellezas luchando entre sí: la de lo lejano, irrecuperable o simplemente intocable, o la realidad aún más bella pero coloreada en sepia.
















