Mostrando las entradas con la etiqueta minicuentos. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta minicuentos. Mostrar todas las entradas

domingo

Memoria en sepia

El misterio de eso que no olvidamos, pero que la memoria decora con nostalgia. Uno recuerda la belleza de la casa, más grande, más bella de lo que era. Y los pobres ladrillos toscos se pintan con un elegante sinónimo de calidez y la vieja puerta deja de rechinar para nunca cerrarse ante un amigo, esas enredaderas que tanto costaba podar se ven siempre verdes...

Dos bellezas luchando entre sí: la de lo lejano, irrecuperable o simplemente intocable, o la realidad aún más bella pero coloreada en sepia.

El triciclo



Solo los niños saben que se puede recorrer el mundo entero en un pequeño triciclo, que no le tema a las baldosas sueltas de una vereda desconocida.


lunes

Un sol y una luna


Un sol y una luna habitan dos mundos, separados por un abismo, por un muro, por calles sin señales, por arroyos, mares y océanos con islas volcánicas, por galaxias ardientes y por tormentas de nieve sobre colinas y montañas... Igual que todos los seres de este y cualquier otro barrio...


miércoles

La niña frente al puente

Hay una edad en la que somos niños pero no lo sabemos con certeza. Hoy sé que era niña. ¿Se puede ser demasiado niño? ¿Se puede ser demasiado adulto?

(¿Se puede ser demasiado de cualquier cosa si eso es lo que, simplemente, somos?)

No estoy disculpándome, solo digo que en ese momento yo, al menos, era una niña, pero jugaba a ser adulta, por eso cruzaba los puentes sin pensar si era seguro o si era lo correcto. Porque solo una niña cree que para actuar como adulto debe cruzar los puentes sin temer ni dudar.

Las decisiones importantes las tomaba a oscuras (creía, también, que hay que apagar las luces para no ser cegados por ellas y de ese modo evitar equivocarnos), y estaba orgullosa de pensarme adulta y al mismo tiempo esconder en el bolsillo un chupetín de naranja.

No me arrepiento, sea como sea, el puente fue cruzado, encontré un mundo del otro lado y fue la decisión correcta. Ahora debo decidir, frente a otro puente. En la oscuridad busco a la niña, para que me ayude.

viernes

Silencio



Y aquí estamos, los dos, en esta calle que tropezó de nuevo. En esta vereda que se cubrió de hojas. En este mundo que tembló de frío.

Estás hablando, apilando palabras como si no significaran nada, como si fueran cosas viejas esperando ser arrojadas a la basura. Yo sé que estoy cerrando los ojos para no verlas caer sobre las hojas secas, sobre la vereda que tropezó de nuevo, sobre el mundo que tembló de frío.

Te pedí un momento de silencio, para oír el perfume del café flotando en el día, como un último regalo.

Y me lo concediste.

martes

Reloj de sol


Como estaba nublado, decidió que el tiempo dejaría de existir hasta que el sol saliera e hiciera existir las sombras.

lunes

Hojas de Roble


La sibila escribió en hojas de roble sus augurios.

Y los entregó al viento para que llegaran en el orden que los dioses deseaban a quienes esperaban conocer su suerte.

Era la mejor forma de que los presagios fueran realmente precisos. Dejar que el azar hiciera su tarea.

¿Para qué desear ver el futuro si no le creemos al viento?


viernes

Accesorios


Al despertar, ella se sumergió en el ropero de los planes diarios, buscando vestir alguno que no fuera una obligación. Buscaba, al menos, un accesorio que no estuviera tejido con los deberes ineludibles del día. Algo placentero. Algo aparentemente inútil.

Que la gente le preguntara por la calle:
"¿Para qué llevás ese innecesario accesorio? Vas a perder el tiempo con él. Después de un rato va a pesarte, y vas a tener que arrastrarlo el resto del día colgando en el brazo".

Y sentirse bien consigo misma, porque a ella no le importaran esas críticas.


miércoles

Agustín y el tiempo.


Agustín usó todo el tiempo de su vida en una frenética lucha para detener el tiempo.

Ya anciano, solo, cansado, y sin nada de tiempo, asumió no solo su fracaso, sino también lo absurdo de su vida.

Cínicamente, Agustín decidió dedicar sus últimos días a esperar un milagro que le diera más tiempo para luchar contra el tiempo.

Obviamente, el milagro no llegó.

martes

Futuro


El quería conocer su futuro. Lo torturaba esa ignorancia sobre el mañana. Las cartas, la borra del café, y extrañas runas se contradecían en sus visiones, preocupándolo aún más. Hasta que una adivina dijo que veía para él un claro futuro: una línea recta hacia lo desconocido. Al fin podía seguir andando, sabiendo que se escondía en la niebla.

lunes

Fe


Como siempre fue una persona muy católica, después de su tercer divorcio, decidió que debía retirarse de este mundo que no comprende a las personas de fe (de paso, dejando atrás deudas e hijos) y se fue a vivir con un sacerdote.

Olvidos I

El árbol era joven, pero lo había olvidado, porque se sentía viejo, y creía que por ser viejo, debía olvidar.

Cuando recuerde que él tiene derecho a ser joven, a pesar de sus muchos años, y a pesar de haber visto a tantos hombres nacer y morir, olvidará sus olvidos, para sentirse joven de nuevo.

viernes

Cosas perdidas

¿En dónde lo habría dejado?
¡Si hasta hacía un rato estaba en su bolsillo!
Palpaba una y otra vez en él, sorprendido por esa ausencia. Pensó en regresar sobre sus pasos, para ver si se le había caído en el camino.
¿Lo habría dejado en un cajón?
Lo mejor era dejar de pensar en eso. Como todo lo que se pierde, aparecería en cuanto dejara de buscarlo.
Había sido un imprudente, no prestarle más atención a algo tan pequeño...
Era la última vez que guardaba el universo en su bolsillo.

jueves

La niña diosa


Como todos los atardeceres, la niña diosa fue encendiendo una a una las estrellas. Pero esa noche, distraída, jugando con las luciérnagas, olvidó encender una.
Los hombres, que miraban el cielo, notaron el suceso y ahora lo informaban alarmados al resto de la humanidad, haciendo extrañas conjeturas.
Dios padre tuvo que retar a la niña, aunque no quisiera. Ella debía ser muy cuidadosa, porque los hombres solían hacer enormes escándalos, por más trivial que fuera el incidente en el cielo.

martes

El desierto y la lluvia

Aquí, en el desierto, nada es más cercano que la lluvia. Pensamos en ella, hablamos de ella...
Nada está más presente ni es más real. Vivimos para ansiarla, para extrañarla.
Porque vivimos con lo que no tenemos. Vivimos con las ausencias.

viernes

Elogio al fracaso


Cuando escribió su obra maestra "Elogio al fracaso" y tuvo un éxito rotundo, el autor, que había mantenido con persistente tenacidad su rol de "artista serio" por el constante evadir el triunfo, se encerró en su mansión (la que compró con la fortuna que ganó con "Elogio al fracaso") para no escuchar los halagos de los críticos que hablaban extasiados de la calidad literaria de la obra y se dedicó a encontrar una forma de explicarse a sí mismo la ironía del destino.

domingo

Mundo amado


Cuando uno ama, ama el mundo completo del otro.
Ama los dos soles de contradictorios atardeceres, las cuatro lunas, las planicies y las infranqueables montañas. Ama el mágico lago escondido del que no se nos informa el camino, los bosques perfumados y los volcanes que explotan en los momentos menos pensados.
Ama, inclusive, los imponentes monumentos, las estatuas, las inevitables creaciones de quienes habitaron ese mundo en el pasado.
¿Por qué entonces, un tiempo más tarde, deseamos modificar tanto ese mundo? No hablo de pequeños detalles que lo mejoran, un camino, un huerto, un rosal en la entrada... ¿por qué destruir ciudades o talar antiguos árboles que probablemente nunca más crezcan?

viernes

Impresión: amanecer


Hay días que terminan al amanecer, en tardías horas, mientras la gente despierta temprano, ansiosos por comenzar su día, ignorando que hay otros ansiosos de terminarlo.

lunes

Sombras


Y la sombra se queda atrasada, con sus alas de ángel, recostada sobre la piedra, demasiado fría, oscura y lustrosa, pendiente de la mañana, del sol que no alcanza a calentar las agujas de las horas, el tic tac de los pasos intentando alejarnos, como si la sombra no nos perteneciera, como si fuera un monstruo ansiando nuestra compañía.

miércoles

Desierto


No fuimos hechos para observar el desierto. El viento arrastra la arena hasta los ojos. El sol brilla con demasiada intensidad. Sin embargo, ansiamos verlo. Nos tapamos los ojos con las manos, y como chicos, observamos entre los dedos. No vale mirarlo de noche, porque el desierto real arde bajo el sol. De noche, el desierto es frío como cualquier ciudad del mundo.