El fotógrafo


No recordaba exactamente cuándo había sido, pero en algún momento, él había decidido ser fotógrafo. Lo había decidido como quien escoge, un día, vestirse con un disfraz que le queda cómodo.

Siempre había intuido que la verdadera felicidad se hallaba al encontrar la belleza en todas sus formas. Como fotógrafo, creía haber tenido éxito, encontrando el perfume visible de las cosas. Amigos, conocidos e inclusive desconocidos habían dado elogios (¿auténticos?) de las imágenes que él había retratado. Debería ser feliz, entonces, exitoso y rodeado de gente que lo admiraba.

Pero entonces, pensó que ser feliz, en una vida como la suya, era la única opción posible. Y eso comenzó a molestarle. La felicidad era un peso, que se notaba en sus pulidas y brillantes fotografías. ¿En dónde estaba la realidad que el artista debe mostrar? Hasta el rostro de un anciano cubierto de lágrimas era admirado por su belleza en vez de apenar a quienes lo veían.

Comenzó a deformar las imágenes, con lentes y confusos enfoques, para que nadie reconociera en esos colores y brillos e incomprensibles formas el tacho de basura de la cocina de mamá, o un rincón desordenado de su propio taller. Buscó la fealdad, en un desesperado intento de destruir su obra bella, creando otra que los demás no pudieran ignorar, escondida detrás de la hermosura.

Y el mundo elogió sus fotos. El las observaba, incrédulo. Poseían la más cruel de las bellezas: la inesperada, la sorpresiva.

¿Sería la belleza invencible?

Se consoló pensando que todo se derrumba alguna vez. Es lo lógico. Ninguna estructura, hasta la más firme, se mantendrá en pie eternamente. Todo se derrumbará en su momento. Él mismo se derrumbaría, las calles fotografiadas, las formas y sus colores...

Debía esperar, solo esperar y ver si en los escombros amontonados aún se conservaba la belleza previa al derrumbe.

El tomaría esas fotos también, y por fin podría quitarse el disfraz de fotógrafo.

foto: Muerte de un miliciano, Robert Capa

6 comentarios:

  1. Ojala que nunca le llegue ese momento. NO hay cosa mas linda que el sentirse pleno...
    Muy buen contado, comos iempre,
    besos!

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  2. a veces el sentirse pleno nos deja una extraña culpabilidad...
    será cristianismo?

    un beso grande

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  3. Esto de querer cubrir expectativas ajenas, suele crear culpas. Luego no podemos disfrutar de nuestro mundo interior.

    Interesante reflexión la de tu escrito.
    Un beso Marcela-;-)

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  4. Es que algunos fracasan cuando consiguen el éxito. Y es muy triste, porque no hay lugar para no estar en la paradoja.

    Besos.

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  5. Tu fotógrafo en su filosofía me recuerda mucho al buen Vincent, mi maestro preferido... ¿Cuánto puede el dolor resistir ser felicitado por la técnica con que se retrató?

    Tal vez la respuesta la tenga el insaciable morbo del impoluto James Nachtwey.

    D.

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  6. Hay belleza en lo feo cuando así lo quiere la mirada del artista. Interesante post. Un abrazo, querida amiga.

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