Las presas


El había quedado inmóvil después de la caída, tirado en el piso, cómodo quizá por ausencia de dolor, consciente, sin embargo, de que sus piernas estaban en una posición antinatural, y que varias heridas sangraban sin que pudiera sentirlo.
Los demás estaban muertos. El estaba vivo. El monstruo lo miró sin interés y volvió a su rincón. ¿Era la imposibilidad de huir lo que hacía que el monstruo no se interesara en matarlo? ¿Al no poder huir ya no era una presa valiosa? Era un pedazo de carne, demasiado herido, sin sensibilidad, asustado, una nada absoluta que ya ni gritaba rogando piedad.

Despertó al oír voces. Otros llegaban. Escuchó exclamaciones. Lo habían visto. En un extraño idioma, voces preocupadas intentaban rescatarlo del horror. Una mujer le sonreía. No entendía las palabras pero evidentemente estaban felices de encontrarlo. Hacían gestos pidiéndole paciencia. El gritó que el monstruo seguía allí. No lo entendieron. Lloró, y la mujer le acarició el rostro, mientras todos recorrían el lugar buscando a otros sobrevivientes de lo que creían un extraño accidente. No hay nadie más, gritó él y les rogó que huyeran, que lo dejaran allí, que ya estaba muerto. Nadie entendió. Faltaba poco tiempo para que lo sacaran de allí, adivinó que decían, intentando darle ánimos, pero él no podía señalar hacia el escondite para mostrarles que no había tiempo, que estaban todos sentenciados, porque solo él veía al monstruo, que ya sonreía relamiéndose, y que se agazapaba, para atacar de nuevo.

(pintura: "Saturno devorando a sus hijos" Francisco de Goya")

12 comentarios:

  1. Un relato con el que comparto la angustia del peligro con el personaje, ayyyyyy.

    Besos.

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  2. Muy bello relato.. muy sentido..

    Excelente

    Un abrazo siempre grande
    Saludos fraternos

    Que tengas un buen fin de semana

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  3. Críptico, simbólico...pero muy bello...azpeitia

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  4. "¿Al no poder huir ya no era una presa valiosa? Era un pedazo de carne, demasiado herido, sin sensibilidad, asustado, una nada absoluta que ya ni gritaba rogando piedad..."

    ¿Al no sentir ni rogar piedad ya no era una presa valiosa?

    ¿Qué hace relamer al mosntruo: la posibilidad de huida o el dolor ajeno? O, más aún ¿Será más apetecible la carne anestesiada que se desangra, el alma extraviada humillada acompañada de una sonrisa boba?

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  5. Anónimo: El monstruo quiere que las víctimas actúen como tales. La presa debe jugar su rol de presa para que el cazador disfrute el cazarla. ¿El monstruo se relame por el placer de ser y actuar como monstruo, quizá? Y para eso, necesita el dolor de los otros. El personaje anestesiado, imposibilitado de avisar su presencia, dejó de ser atractivo, ¿o podría ser un espectador que sufre y eso aumenta el placer del monstruo? Gracias por tus comentarios, en serio, los aprecio mucho. Todos los comentarios aprecio, claro, pero se nota que lees atentamente y analizas lo que escribo... Es estimulante. Gracias (estoy casi segura de que sos el mismo anónimo de siempre, por el estilo me parece que es así, y si no, bueno, gracias a quien sea)

    Mariela: Gracias. Pobre personaje, inmóvil e incomprendido. Beso.

    Adolfo: Un abrazo para vos. Buen fin de semana.

    Azpeteía: Muchas gracias. Un beso.

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  6. Puede ser el espectador que sufre... pero también puede ser quien no sufre por la acción del monstruo en tanto que no registra la destrucción de la que es objeto. Esa ausencia de registro llevará a una sonrisa que, situada, será necesariamente estúpida. Creo que esta condición incrementa sobremanera el placer del monstruo.

    En la misma línea está el ninguneo, la negación de la identidad del otro, su desconocimiento como acción repetida sea quien sea ese otro y el ejercicio de un supuesto poder. ¿Por qué supuesto? Por su escasa trascendencia y su patetismo.

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  7. Es una pesadilla. Lo parece, en eso de querer decir algo y que los demás no te entiendan. Porque en la vida real no pasa, no?

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  8. Anónimo: ¿Ese será el gran placer del monstruo? Ejercer el poder de serlo, y el poder sobre la víctima. Ahora, yo creo (y esto es personal, es algo que pienso, hasta viendo las películas de terror más estúpidas) que hay cierto respeto, a lo mejor inconsciente en el monstruo, hacia la víctima. ¿Debe haberlo, porque él no podría ser lo que es sin su contraparte? Pero quizás estoy imaginando un monstruo demasiado lógico, demasiado consciente de serlo, cuando para ser un monstruo hay que tener un alto nivel de inconsciencia, creo. Y ahí entra perfectamente tu análisis de la negación del otro. Rebajarlo al nivel de una cucaracha, para poder aplastarlo sin culpa. Y ahora se me ocurre que tambien se mata a leones... Y dejo de escribir porque me engancho con un tema y no paro más. Beso.

    Marcelo: Diste en el clavo. ¡Esto fue una pesadilla! Le di un toque de terror, porque en mi sueño fue algo más abstracto, aunque me desperté muy asustada. ¡Y no, en la vida real jamas pasa! Me la paso hablando y sospechando que no me entienden ni un poquito, jaja. Gracias y beso.

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  9. La pintura es maravillosa y me atrevo -con todo el respeto que me merece este blog y su prolífica e inteligente autora- a recomendar la escucha de "San Francisco y el Lobo" de Serú Girán mientras leen este cuento (preferentemente la versión acústica que hizo David Lebón en su disco en vivo)

    Marcela, mi cariño de siempre.

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  10. Terrible el relato pero me hiciste quedar con las ganas de seguir leyéndo, escribís muy pero muy bien Marcela me encanta.

    Besos

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  11. Silvio: Toda recomendación es muy bienvenida acá. Gracias.

    Lux: Como siempre, muchas gracias por tus comentarios.

    Besos a ambos.

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  12. Necesario poner atención en lo que nos dicen, pero no, no podemos leer ni los ojos del que nos grita o nos anticipa la muerte.

    Bien por lo que escribes, siempre sacándome reflexiones.

    Abrazos.

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