Sin fin.


Escribió su historia con sangre, con semen, con sudor deslizándose por su frente y cayendo en las páginas que no debían quedar en blanco.

La escribió con lágrimas, con saliva.

Escribió como un obseso, como un demente, encerrándose en las páginas, haciendo rejas de letras, muros de frases hermosas. Se masturbó con metáforas, con comparaciones, con catedrales de sonidos articulados con orgullo.

Un día le dijeron que su obra debía terminar. Todo lo que empieza, debe sí o sí tener un fin. Hasta la vida. Quizá hasta la muerte.

El accedió, porque lo había hecho todo con su obra, y el ponerle un punto final, no debía ser tan difícil.

Escribió miles de páginas más. Se dijo que era para que el final fuera comprensible.

Llenó su torre de papel con más papel, sin poder aceptar que él, sin su libro no era nadie.

La torre solitaria desbordaba de hojas bellamente escritas.

Sin punto final.

17 comentarios:

  1. Quizás esos escritos tuvieron un final; la muerte. Escribió, gritó, suplicó hasta decir basta...


    Un beso Marcela. Buen comienzo de semana para vos.:-)

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  2. Parece un mal amor, no? Como si no quisiera dejar ir a las palabras. Como si no quisiera dejar ir a sus hijos.
    Me gustó mucho tu relato.
    Saluditos
    Cris

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  3. Al escribir, como en la vida, nos cuesta encontrar un final perfecto. Debe ser porque sabemos que con a él, la obra puede quedar redonda o resultar un rotundo fracaso. Bella metáfora, Marcerla, me encantó.
    Besos

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  4. Que bien que describiste esa relación entre el escritor y su obra muchas veces se da esa relación.

    Besos!

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  5. Muy buen relato.Algunos sienten eso, que sin sus escritos no son nada.


    Besos.

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  6. Adrianina: Es posible. Un final sin punto final. Buena semana para vos.

    Cris: Es un mal de amor, sin dudas. Amaba sus páginas. No podía dejarlas ir. Yo no podría dejar ir a quienes amo. Lo siento por ellos :)
    Gracias por tu comentario.

    Claudia: Vivió a través de sus páginas. Se olvidó de las otras posibilidades, eso sí.

    Gracias y besos.

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  7. Andrés: Exacto. Ahí sacaste a relucir algo indudablemente real: la importancia del final. Muchas veces es lo que más queda en la memoria. Y mejora o arruina una obra.

    Lux: Se necesitan, se destruyen, se completan...

    Mariela: La obsesión nos enceguece. Nos impide ver la realidad. Nos cierra caminos.

    Gracias y besos para los tres.

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  8. Me parece muy importante vivir preparada para los finales. Lo peor es vivirlos como algo malo cuando es posible que algo bueno se acabe bien y pueda empezar otra buena cosa.

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  9. No todos estamos preparados para el final. Yo definitivamente no.

    Me recordó (por lo obsesivo del personaje) a un cuento de Ray Bradbury "LA FRUTA EN EL FONDO DEL TAZÓN"

    Mis saludos para Marcela.

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  10. Pau: Totalmente de acuerdo. Cada momento es importante en sí mismo.

    Silvio: No leí ese cuento, o no lo recuerdo, porque he leído mucho a Bradbury... hace años en realidad. Tengo que empezar a releer, definitivamente. Y hay que reconciliarse con la palabra fin: yo estoy aprendiendo :)

    Besos a ambos.

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  11. Termino con un coitus interruptus..... ; )

    Muy bueno, un saludo

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  12. La obra fue su vida, la vida fue so obra. Más allá no hubo nada. ¿Quizás un nuevo libro?

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  13. Sería una buena forma de continuar, un renacer. Gracias mobtomas. Un beso.

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  14. ...Si algo ha se caernos encima que no sea el mundo sino esas torres de papel.

    Un saludo.

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  15. Con las torres de papel caídas podemos construir otras cosas... Gracias letrofílico. Besos.

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