La mujer y las palomas

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Cada día, a las seis de la tarde, mientras esperaba en la parada de colectivos ubicada en una de las esquinas de la plaza, veía a la mujer que alimentaba a las palomas.

Con una seriedad sonriente, ella pasaba entre la gente que se apuraba para llegar a sus casas, balanceando una bolsa de plástico de supermercado, llena de migas y pedazos de pan.

(Esa escena, que se repite en todas las plazas de todo el mundo, era única en ese instante, como una obra representada para divertirme esos minutos, mientras buscaba las monedas, dejando pasar un colectivo demasiado lleno y arrepintiéndome a los diez minutos al notar que el siguiente se demoraba demasiado, lo que provocaría que viniera aún más lleno).

La mujer usaba un batón viejo, y en invierno un llamativo saco de lana color verde. Las piernas hinchadas y con varices violáceas, no le impedían caminar rápido arrojando equitativamente las migas entre todas las comensales. Inclusive retaba a las que le parecía que comían demás, robándole a las más lentas. Había algo de maternal e inocente en ese afán de notar si alguna paloma se quedaba con hambre.

Una tarde me acerqué a ella. Un viaje en un colectivo repleto había reducido un paquete de galletitas en mi cartera al alimento ideal para las palomas. Se lo ofrecí y ella agradeció contenta. Charlamos un momento y antes de despedirnos, me dijo con un marcado acento italiano:

- ¿Qué comerían las palomas antes de que nosotros hiciéramos suficiente cantidad de miguitas como para alimentarlas? ¿Qué van a comer cuando yo me vaya? ¿Ves esas dos? Si yo no les dejo la comida cerca, los gorriones se la roban...

Y se fue, diciéndome que me cuidara. Las palomas, tan grises como el asfalto y el cielo nublado, nos rodearon como un telón de arrullos y aleteos.

9 comentarios:

  1. Alimento del cuerpo... alimento del alma... alimento del corazón... ¿Con qué alimentamos nuestro ser...?

    La historia, buena... la forma en que lo cuentas, suprema...

    Gracias y un gran abrazo.

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  2. podés decir tranquilamente, fuí amable
    ¿qué más?
    saludos

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  3. Viste que bueno hay veces que vemos a una persona durante meses y de repente nos acercamos y la pasamos lindo, despues ya tenemos una razón para saludarla.
    Muy lindo el relato.
    Besos

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  4. Son hermosos y tiernos tus relatos.
    Leer tu estilo es como beber agua fresca en el candente verano.
    Besos mil...

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  5. Muy bueno Marcela. Es necesario hacer foco en las personas que están salvando a alguien. Besos

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  6. Muy bello... me llevo la nostalgia del escenario de la ciudad y la angustia de la señora sobre las dudas de su eternidad...

    Muy bueno...

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  7. Suri: Las palomas y la mujer se alimentaban en ese momento.

    Ariel: ¿Fui amable? Ojalá.

    Lux: La saludé desde ese momento, sí. Hasta que dejé de tomar ese colectivo y después, no la vi más. Es lindo atreverse a dar esos pasos. En mí es algo muy extraño.

    editor: muchas gracias.

    Magdalena: Se daban ayuda mutuamente las palomas y la mujer.

    Secta: Ella necesitaba sentir que estaba viva, que era útil...

    Gracias a todos. Besos.

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  8. Yo veía a una que alimentaba gatos en el fondo de una plaza. Al principio no la veía y me preguntaba que hacían tantos gatos juntos en ese lugar. Luego lo comprobé. Y no sólo los alimentaba, también les hablaba, los acariciaba, los retaba. Supongo que a veces es mejor la compañía de los animales a la de ciertos humanos.
    Saludos!

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  9. Supongo que lo hacía porque ese acto, tan sencillo, la hacía feliz.

    ¡Y está bien!

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