Milagro de Navidad



Por alguna razón que no llego a comprender, me cuesta mucho escribir en primera persona. Abrí otro blog (Palabras y lunas, ni lo busquen, no escribí nada más ahí) en el que narraba historias sobre anécdotas, más o menos reales... pero no me convenció y ahí quedó, llenándose de polvo virtual, supongo...

Sin embargo, empujada por el espíritu navideño, surgió en mí el deseo de contarles una historia real, un real milagro navideño.

Como podrán imaginar, esto le sucedió a una preciosa niñita rubia (yo).

Ese año, hace ya mucho tiempo (dejenme calcular... hace unos treinta años, increíble, no puede ser que hace treinta años ya me pasaban cosas que puedo recordar...) mi madre compró un pesebre nuevo. Un costoso pesebre de cerámica, con hermosas figuras delicadamente pintadas.

Tan emocionada estaba mi madre con su adquisición, que ella misma armó la escena, sin permitir que nadie más metiera sus dedos en él. Sin embargo, merodeando alrededor de Belén, estaba la preciosa niña rubia (yo) que no tardó nada en toquetear a la virgen María , José, el niñito Jesús, los pastores, etc... viéndolos como muñequitos para jugar.

Mi madre, entonces, me explicó lo que representaban las estatuillas, que debía mostrar respeto y, lo más importante, por supuesto, que eran muy caras y no eran juguetes.

Mientras mi mamá trabajaba, me cuidaba mi abuela. Como a ella le importaba poco y nada lo que su hija opinaba, me permitió usar el pesebre para lo que se me antojara, mientras lo cuidara y antes de que mi madre retornara al hogar, estuviera cada pieza en su sitio.

En mi imaginación la sagrada familia debe haber tenido aventuras impresionantes, luchando contra piratas y cosas así ( me gustaban las historias de piratas y las de "capa y espada", a los cinco años, por ejemplo, estaba enamorada del Zorro).

Todo fue bien, hasta el 24 de Diciembre. Ese día, en una de sus interesantes aventuras, la Virgen María, sufrió un terrible accidente, al chocar contra la pared y perder, como su tocaya, María Antonieta, la cabeza.

Grité, recé y lloré. No sirvió de nada. La cabeza no se pegó sola al cuerpo. Mi abuela, probablemente preocupada por su propia participación en el accidente (ella me había permitido jugar con el pesebre, recuerden) pegó la cabeza con pegamento.

Y, acá viene el milagro de navidad... ¡Qué Dickens ni Dickens! Mi madre, jamás se enteró. Jamás. Solo mis ojos, y los de mi abuela, sabían como mirar y ver la finísima línea de la reparación.

Y así termina un milagro navideño más, en el que también hay engaños, maldades y un poco de herejía inconsciente (yo tenía cinco años, no quería descabezar a la Virgen), y una gran enseñanza navideña:

"Si tenés hijos, no comprés adornos navideños costosos".

7 comentarios:

  1. Yo también te voy a contar un milagro navideño:

    Una mañana en vísperas de Navidad, luego de horas de valiente actividad a la luz de la luna, bajé de mi caballo negro, dejé el antifaz y el sombrero en la repisa y pedí a mi criado que me dejara descansar, sólo quería darme un baño caliente, cerrar los ojos y que nada me interrumpiera.

    Bernardo, por primera vez desobedeció mi voluntad y me acercó a la tina una laptop que me encandiló, lo reprobé con la mirada pero entre señas me insistió que leyera.

    Mi memoria repentinamente se aturdió, sólo puedo recordar a una hermosa niña rubia confesar su amor mí.

    ¡Milagro! Te encontré finalmente, oh amada mía.

    Me encantó tu relato, tan lleno de picardía, nostalgia y con una mirada ácida sobre las conductas familiares que es mucho más completo que cualquier otro cuento navideño.

    Felices fiestas,
    D.

    ResponderEliminar
  2. Jajajaja

    Gracias, Daniel. ¡Cumpliste mi sueño infantil!

    Un beso y felices fiestas.

    ResponderEliminar
  3. que buen relato¡¡¡¡¡¡¡jajajaja.pobrecita la virgen y que que genia tu abuela¡

    ResponderEliminar
  4. Miguel: Aún me sorprende la habilidad de mi abuela para reparar la estatuilla. Yo no heredé su prolijidad. Gracias. Saludos.

    ResponderEliminar
  5. jjajaja buenisimo!
    Entre tanta pelicula pedorra de navidad anglosajona que se ve hoyen la tele, recibir un verdadero milagro nuestro es una bocanada de aire fresco.

    A ver cuando se hacen pelis que cuenten milagros de estos.
    Juro que me sentaria a ver la tele de navidad con mas afecto.

    besos! felices fiestas

    ResponderEliminar
  6. Eso es cierto, Pablo: ¿por qué son tan pedorras las películas sobre la navidad?
    Gracias.
    Besos.

    ResponderEliminar
  7. Y la complicidad abuela-nieta es genial.
    Capaz tu mamá lo vió y se hizo la distriada, porque esas cosas a veces a las madres nos alegran mucho. O no?

    un beso

    ResponderEliminar