La sequía



Cuando las nubes cubrieron el cielo, toda la tierra pareció suspirar, con ansiedad.

Los niños jugaban a la danza de la lluvia, como el maestro había dicho que los indios hacían para conseguir el favor de los dioses y hacer llover. Claro que solo había hablado del baile, en general, como un vago concepto, una excentricidad salvaje y nada más, así que ellos imitaron los dibujos de una revista que el tío de Carlitos le había traído de la ciudad. En ella, unos vaqueros (que eran como gauchos, dijo el maestro cuando la había hojeado una mañana en la escuelita) peleaban con indios con plumas en la cabeza.

Los niños hicieron entonces, una ronda en el campo, que empezaba a resquebrajarse en la sequía, y bailaron, alzando las rodillas y los brazos hasta, tentados de la risa, caer al suelo transpirados, olvidando el calor y que el río era un hilo de agua, en el que se bañarían agradeciendo la pasajera frescura como un regalo del cielo.

Las mujeres, negras de polvo y sudor, conversaron agotadas, secando con el dorso de la mano las frentes transpiradas. Hablaron de los planes de abandonar el pueblo, asustadas por la delgadez de los niños y la sordera de los poderosos.

Todos vieron a los niños bailando. Algunos los retaron, porque perdían el tiempo, en vez de ayudar a fingir que se trabajaba en las cosechas. Muchos adultos insistían en continuar con su trabajo, aún sabiendo que nada crecería en esa tierra.

Pero ellos continuaron con su baile. A medida que los días pasaban, y la tierra se resquebrajaba más y más, y el hilo de agua inevitablemente se secaba, el baile comenzó a transformarse. En algún momento, los niños ya no danzaron, usaron los movimientos para olvidar la sequía. Pedían agua, pero también pedían llenar las horas, y olvidar el hambre, y luego correr a beber sedientos el agua sucia del riacho.

Cuando las nubes ocultaron el cielo, los niños no lo vieron, dando vueltas con los brazos como aspas, y los adultos tampoco, viendolos bailar. Pero cuando las primeras gotas tocaron las grietas sedientas, niños y adultos miraron al cielo y agradecieron que los dioses de los indios, aún recordaran el viejo pacto de hacer llover, cuando los hombres bailaban en su honor.

10 comentarios:

  1. - Los dioses siempre escuchan a los niños y disfrutan el baile. La tierra se defiende como puede de la agresion de ambiciones de adultas que no saben de dioses, no conocen la danza india, y desconocen totalmente que no somos infinitos. Un beso, Ade

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  2. Cómo lamento que queden ingenuos que truequen sus energías en dedicarles movimientos hipnóticos a los dioses a cambio de que del cielo o de la tierra regrese el agua.

    Los recursos de la tierra son finitos y algunos de los más importantes, irrenovables, si me permitís pecar de monotemático, Marcela. Donde escasea el agua ya no la habrá y no es una prueba de los dioses para los más fieles ni un castigo para los pecadores. Es un plan que le viene funcionando muy bien a unos pocos humanos.

    Algunos hasta deben echar carcajadas al ver gente encargando lo más básico y vital a través de danzas y rituales.

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  3. Claro que no llovió por la intervención de los dioses. Esa, probablemente, demasiado escasa lluvia, iba a caer de todos modos. Lo que yo no deseo hacer es juzgar los actos desesperados de la gente. Ese juego de los niños solo mostraba como anteriormente se creía que nuestros actos podían (y de hecho lo hacen, pero no de esa manera, con un baile, sino con las acciones de todos los días y no para bien) modificar, en este caso, el clima. Era una forma mágica, ritualista, de ver el mundo, y creo que en los momentos desesperados muchos vuelven a esa forma de ver las cosas.

    Ade, Daniel, muchas gracias por sus comentarios. Besos.

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  4. Todavía se sigue pensando en muchos sitios que los actos de los hombres contentará a los dioses o desatará su ira, véase religión + subdesarrollo cultural = bombas y asesinatos

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  5. Oscar: estoy de acuerdo. Y lo vemos todos los días. Un beso.

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  6. Por algún motivo se borró este mismo comentario hace un minuto antes de enviarlo.
    Marcela me encantó tu cuento.
    Tiene usa cuota de realismo mágico que unos cuantos andamos necesitando por estos lares.
    Feliz Año Nuevo!

    (Y dejale los zapatitos en la ventana a los Reyes)

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  7. Gracias, Claudia.
    Muy buen año para vos también.
    Un beso.

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  8. La danza y la lluvia son dos milagros que siempre se encuentran.

    Un beso

    M

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  9. Siempre tenemos algo que aprender en donde sea, de quien sea. Los niños bailando para los dioses, los dioses recompenzando a los fieles. Brillante. Saludos y sonrisas.

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  10. Magdalena: La danza y la lluvia vistas como milagros, sí, me gustó esa idea. Beso.

    Verde: Muchas gracias. Estoy de acuerdo. Aprender siempre, de donde sea, es algo que me motiva mucho. Beso.

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