El fantasma





Ella sintió la presencia del fantasma un atardecer. Supo que estaba allí sin dudas y extrañamente, no sintió temor.

Lo buscó con la mirada. Lo persiguió por las habitaciones de la vieja casa, intentando verlo aunque fuera un instante a contraluz en las ventanas.

Mientras preparaba la cena, esperando a su marido y escuchando las risas de sus hijos jugando en el dormitorio, miraba de reojo para adivinarlo cerca de ella. Estaba tan divertida con ese juego que en un descuido se cortó apenas el dedo al picar cebolla.

Lavándose la mínima herida, llorando por la cebolla, escondida en el baño y mirándose al espejo, le preguntó al fantasma quien era y que buscaba en su casa.

El no le respondió. No sabía como hacerlo. Deseaba besar la herida que apenas sangraba y secar las lágrimas que no eran de pena. La había seguido sin dudarlo, sabiendo que su hogar estaría en donde esa desconocida estuviera. Y ahora observando a su alrededor, adivinaba que esa casa podía fácilmente haber sido suya. Esa o una parecida.

Aún no entendía su vida como fantasma. Aún extrañaba contar las horas y correr el colectivo. Intentaba rozar con sus dedos las texturas y solo sentía el aliento de las cosas.

La miró en el espejo y por un segundo le pareció que podían verse a los ojos. Pero ella observaba su propia imagen y el fantasma, la de ella.

(foto: pintura "UNE BELLE JOURNEE" de Marso)

3 comentarios:

  1. Gracias Soboro! Muchas gracias por tu visita.

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  2. Te pone en la situación, sin duda, y se siente uno el fantasma durante un rato. ¿Pasará eso en la otra vida? Quizá. Saludos.

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