El despertar

Parpadeó apenas, cuando un rayo de sol se deslizó en la caverna, y como un cálido dedo, rozó sus cansados ojos de anciana. Ella apenas movió la cabeza, esquivando la luz y con las manos cubiertas de ocre y aceite, siguió dibujando su sueño en las paredes frías y rugosas.
La tribu comenzaba un nuevo día. Una de las mujeres se asomó apenas y dejó un pan junto a la entrada. Como muchos, temía a ese templo natural, escogido por el dios y reconocido por la hechicera. Ella había notado la exactitud de las visitas del sol y las minuciosas sombras que dibujaba en las paredes. La anciana desvió apenas su atención de la tarea que llevaba a cabo, y gritó, llamando a la mujer que ya bajaba con cuidado la pedregosa colina.
- Que venga El - dijo. Y sin más, se levantó, sintiendo el molesto dolor de las articulaciones. Caminó con algo de dificultad hasta los carbones que quedaban cerca de la piedra lisa de los sacrificios, y los movió, soplando luego para reavivar la llama. Arrojó algunas semillas y las bayas cuyo aroma calmaba los dolores y aumentaba su percepción de los deseos de los dioses.
El Guía se detuvo en la entrada. Casi todos en la tribu, recibían un nombre cuando su rol en ella ya era evidente. El era el Guía. Los demás le preguntaban que hacer cuando tenían dudas. El había encontrado el paso en el río y había organizado las tareas de modo tal que nadie trabajaba de más ni recibía menos alimentos. Todos confiaban en él. Menos la anciana.
La hechicera giró para verlo, cubierto con la piel y con un cuchillo colgando descuidado del cinto. Le hizo un gesto, señalándolo, y él se disculpó y lo dejó a un costado antes de dar un par de pasos más hacia el centro de la caverna.
- Tuve un sueño -dijo ella.
- Espero que sea un buen presagio -susurró él poco convencido. Los sueños nunca eran benéficos.
- Lo es.
- Me alegro.
- Nuestra gente pasará bien el invierno. Los bebés nacerán sanos y fuertes. No escaseará el alimento.
El Guía sonrió. Sus dientes asomaron en medio de la abundante barba oscura. Se pasó los dedos de uñas manchadas por el cabello trenzado y enredado.
- Es un alivio saber que los dioses están de nuestro lado. El último invierno...
- Debemos ponerlos de nuestro lado. El Gran Dios me pidió un sacrificio... - lo interrumpió la hechicera.
El Guía bajó la cabeza.
- Cazaremos más animales.
- No es esa la sangre que desean.
- Le daremos la mitad de lo que recolectemos.
- Tus miedos solo enfurecen al Gran Dios. ¿Acaso él se olvida de nacer alguna mañana? ¿Acaso él se niega a morir todas las noches?
El Guía se frotó los ojos, y luego tosió un poco, evitando como siempre mirarla.
- ¿Qué quiere el Dios? - preguntó. Siempre la misma respuesta, que él detestaba, pensó. Pero esta vez, la hechicera y su dios, fueron por más.
- Me pidió a tu hijo.
- No - dijo el Guía, con voz seca.
- ¿Por qué no?- exclamó la hechicera.- Siempre te molestó que los hijos de los demás murieran, pero nunca dijiste no. Lloraste y consolaste a las madres y padres, pero nunca dijiste no. ¿Condenarías a toda tu gente por salvar al cordero que debe darse en sacrificio, solo porque tiene tu sangre? ¿Crees que tu hijo es demasiado para el Dios? El fue elegido, como antes lo fueron hijos de otros.
Era verdad. Debería haberlo detenido antes. O debería continuar ahora. El era solo un hombre, contra un dios contradictorio que le daba alimento y se alimentaba de sangre. La noche anterior su hijo se había dormido en sus brazos, y él lo había acunado con una ternura que solo ese pequeño ser despertaba en él. Pero el dios los gobernaba, los protegía, los ayudaba a escapar de las fieras, a soportar la nieve y las tormentas. Era verdad. El había visto morir a otros, y se había quejado de lo caro que costaba la protección del dios, pero no lo había detenido. Cabizbajo salió de la caverna. La hechicera sonrió, y susurró: "Esta noche".
La madre y el hijo jugaban con uno de los perros que seguían a la tribu a donde fueran. El Guía los miró con vergonzosas lágrimas en los ojos. El debía ser fuerte para soportar lo que vendría. Con calma alzó el cuchillo que había arrojado en la entrada y regresó a la caverna.

4 comentarios:

  1. Fenomenal!... te pago el comentario de visitar tambien mi blog. Tu historia es deliciosa en realidad e imaginación, me gusto.

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  2. Gracias Huber por tu visita y comentario. Saludos

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  3. Antes de nada gracias por tu visita y comentario, se agradecen much�simo.
    De momento solo he tenido tiempo de leer este post, pero ya estoy deseando volver en cuanto pueda a leer mucho m�s.
    Un saludo,

    Suel

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  4. Muchas gracias, Suel, por tu visita y comentario. Te espero cuando quieras. Nos leemos. Saludos.

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