El enemigo reflejado

Frente a él, el reflejo se secó los ojos y y lo observó con la malsana calma que toda víctima debe poseer para serlo.

Observó a su enemigo, mirándolo.

Ya no importaban la causas, ni decían excusas.

El enemigo lo había alcanzado.

Esa mañana ya no fue como las otras. Quizás la noche anterior no había sido como las otras.

Toda noche tiene escondida en las sombras la paciencia para esperar a la mañana.

Toda mañana espera la noche. Ese es el juego.

Sus noches y días habían perdido esa paciencia en algún lado.

Y él enemigo saltó sobre él, devorándolo.

La imagen continuó impasible en el espejo, hasta que también fue devorada.

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