Presagios y rituales.

Los presagios se suceden, a veces tan rápido que ni el más experimentado augur tiene tiempo para analizarlos. No están allí para predecir el futuro, simplemente, están allí. Símbolos buenos y malos, dejados olvidados por los dioses del destino.


Con el paso del tiempo, vamos adivinando que cosas significan algo y qué para nosotros. Me dan mala suerte los despertadores,(mi abuela tenía un despertador viejo que adoraba, y no me creía que era causa de mucha de la mala suerte de mi infancia. Mi vida cambió cuando no desperté más con ese sonido estridente en el dormitorio de ella).
Ver un animal muerto, perder algo que apreciamos o necesitamos, la visita de alguien molesto, presenciar una pelea callejera (uno de los peores presagios que puedo tener) ¿quién duda que son signos que nos gritan que tengamos cuidado? Pero hay otros más arbitrarios, menos evidentes, que a fuerza de manifestarse, no pueden ignorarse, y abarcan muchos aspectos, varían de día en día, no necesariamente se repiten y no necesariamente significan algo específico. Hay un hombre, que entra al negocio algunas mañanas y no solo me da mala suerte, sino que él lo sabe. No sé cómo, yo no se lo dije, eso daría aún más mala suerte (uno no tiene que reconocer en voz alta que tiene mala suerte). Quizás es uno de esos tipos que concientemente contagian la mala suerte, y daba ternura ver lo contento que estaba con su tarea. No es su culpa que tengamos ese problema. Sin embargo, lo solucioné de una manera sorprendente: comencé a recibirlo casi con alegría. Eso fue muy confuso para él, hasta que perdió la confianza en sí mismo, y ahora casi nunca viene, creyendo que soy inmune a su influjo.

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