Juegos: ángeles


Un sonido cristalino la despertó. Tardó un poco en reconocer en donde estaba. Giró y vio a Jorge aún dormido.

Se levantó de la cama con cuidado, para no despertarlo. El sonido aún continuaba, cristalino, pequeños golpeteos agradables, pero molestos en su repetición. Además, ese sonido le recordaba algo, pero no sabía que...

Ella salió del dormitorio. Avanzó lentamente por ese corto pasillo desconocido, descendió por la escalera que los pasos de la otra habían marcado años atrás. Todo estaba marcado por la otra presencia. Jorge le había dicho que hacía años que no visitaban esa casa en la costa, porque a ella, a su esposa, no le gustaba el mar. Le había hablado de vacaciones allí cuando los niños eran chiquitos, pero ahora preferían otros sitios...

Dos días completos con él. Dos días, con sus noches, con sus ratos aburridos, con sus recovecos, con los perfumes que los componen, el del mar y el del café y el del helado de dulce de leche...

Nunca habían pasado juntos más que algunas horas. Nunca habían desayunado juntos. Los encuentros nunca terminaban a la mañana. Se habían emborrachado una noche, habían jugado a muchos juegos, pero nunca habían pasado tanto tiempos juntos.

El sonido continuaba. Carmen salió al jardín. El llamador de ángeles, sacudido por el viento, cantaba.

Y entonces recordó la casa de su abuela. Junto a la ventana del dormitorio había un llamador de ángeles. Que tontería, que jugada retorcida de la memoria. La niña mirando embelesada la piedras de un extraño color violeta transparente chocando empujadas por el viento y la mujer enroscada en una historia que hubiera avergonzado a su abuela mirando el adorno metálico que brillaba al sol de la mañana.

Hacía tantos años que la familia de Jorge no iba a esa casa que él estaba seguro de que no había peligro en caer allí con otra mujer. Nadie lo conocía. Se lo había dicho la noche antes, con la inocencia de quien tiene en claro las actitudes que toma en la vida. Pero esas dos palabras "otra mujer" a ella la habían golpeado, aunque no lo mostró. No le preocupaban las otras que él podría haber llevado otros fines de semana, otros veranos, en que la casa no estuviera alquilada. Le preocupaba esa única otra (la esposa) que lo tenía siempre. ¿Sospecharía? ¿No le importaría? ¿Tendría ella su propia vida, sus propios juegos?

Jorge salió al jardín, y la abrazó, proponiéndole salir a desayunar "por ahí". Miró lo que ella miraba.

- ¿Te despertó esa porquería? Lo compró mi mujer... A ella le gusta esas cosas... Es un... No sé, llama a las hadas, o a los duendes, ni idea...

- A los ángeles - dijo Carmen.

- Espero que no vengan. ¿Crees en estas tonterías?

- Es un adorno bonito. No creo que nadie crea en esas cosas. Mi abuela decía que llamaba a los ángeles y espantaba a los demonios. No sé si lo creería en serio...

- Adorno bonito, pero molesto. Esta noche recordame que lo descuelgue.

- No, no hace falta...

8 comentarios:

  1. Muy buen cuento, me gustaron el pensamiento de los personajes, y el escenario marítimo.

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  2. Hola Marcela , un cuento precioso me ha gustado mucho.

    Si te pasas por Le Boudoir, tienes un regalito que te esta esperando, espero que te guste.

    Un beso

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  3. Me gustó el desarrollo íntimo que supiste darle al relato, además muy llevadero.
    Un gusto darme una vueltita por aquí, beso de trasnoche.

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  4. Muy bueno, me recordó una respuesta de Cesare Pavese cuando le preguntaron qué es lo que en el amor no tolera del otro y respondió la falta de tacto.
    Un beso grande

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  5. ¿Superstición? ¿o realmente falta de tacto, como dice Magdalena?

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  6. Muy lindo relato pero no hay duda que Jorge cometió tres errores que irremediablemente los va a pagar.
    Me ha pasado de preguntarme muchas veces en el otro, en el dueño de ella, he llegado a pactar en no nombrarlo pero está siempre presente.
    Hay veces que hasta ha sido una competencia feroz y sabiendo que pese a todo él termina estando mas tiempo con ella que uno.
    No es una linda sencación.

    Besos

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  7. Mariela, Navegante: muchas gracias por sus amables comentarios.

    Tashano: Y seguís malcriándome! Después lo busco.

    Magdalena: La falta de tacto, no solo en el amor, sino en todos los aspectos de la vida, debe ser uno de los defectos más odiados. Y me da risa cuando quienes abusan de él hablan de sinceridad...

    Silvio: Algo de las dos cosas hay en ese diálogo, seguro.

    Besos para todos.

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  8. Lux: Estoy de acuerdo. Se cometen errores en todas las relaciones, pero en este tipo de relaciones, es en las que más uno se equivoca. Muchos comienzan planteándolas como un escape, algo sin ataduras, sin responsabilidades pero nada es tan fácil, al contrario. Y Jorge viene cometiendo errores... y ella también, al dejarlos pasar en silencio.
    Beso.

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