Juegos mentales a la hora del café

Imaginemos a un hombre solo.
Para hacerlo más extremo, imaginemoslo realmente solo.
No sé, en medio de la Pampa húmeda, por ejemplo, en donde no hay nada mas que verde de un horizonte al otro. Quizás, muy a lo lejos, unos pocos árboles; quizás, mas lejos, alguna vaquita, pero nada mas.

Solito con su alma el hombre.

Tiene los ojos cerrados. De pie, con los ojos cerrados. Respira profundamente. Piensa.

Piensa que no hay ruidos, ni bocinazos. El viento y sus suspiros. No hay gritos, ni reproches.

Quizás recuerda cosas que aprendió. A alguien a quien desearía volver a ver. ¿Es él mismo?

¿Así, aislado, quién es el hombre?

Me gusta imaginar que piensa. No tiene obligaciones. No tiene que pensar que se vence la boleta de la luz o el teléfono. No tiene que pensar en las quejas de su jefe.

¿Meditará en cosas profundas?
¿Planeará un asesinato?
¿Intentará recordar la letra de una canción?
¿O pensará que cuernos está haciendo ahí solo en medio de la Pampa?

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