Las camas destendidas


-Así como lo ves, él hace su cama todas las mañanas - me dijo orgullosa la madre, mientras el hijo de siete años, en la plaza, le arrojaba piedras a un gato que se escondía en la copa de un árbol, ante el horror y quejas de un par de señoras.

Mi abuela decía que el día no comenzaba hasta que la cama estuviera tendida. Ese sencillo acto, en el que se ordenan las sábanas, era el punto final de la noche. Podría afirmar, sin temor a equivocarme, que mi abuela nunca dejó la cama destendida durante todo un día. La imagino haciendo prolijamente la cama con dolores de parto, o antes de ir al funeral de su mejor amiga. No podía aceptar un mundo con sábanas revueltas.

Recuerdo que un día ella vino a visitarme estando yo embarazada de ocho meses. Eran las tres de la tarde y probablemente recién me levantaba (tuve un embarazo fácil, pero creo que nunca dormí tanto, si me preguntan que recuerdo de esos nueve meses, lo primero que viene a mi mente es lo mucho que dormí). Obviamente, la cama era un manojo de sábanas, colchas y almohadas y almohadones: un caos multiplicado por las dos características principales de mi vida en ese momento: estaba embarazada, y además, aún era adolescente.

Llegó, abrió la heladera y se fijó que hubiera en ella suficientes lácteos. Gruñendo, fue hasta el dormitorio y se puso a tender la cama, mientras yo me quejaba de que lo haría más tarde. Dio un largo discurso sobre que la cama representa la mente de su dueño, y si dejamos todo desordenado es porque así somos nosotros. En realidad, ella pensaba que aunque el resto de la casa estuviera impecable, la cama desordenada anulaba ese orden.

Creo que tuvo la piedad de no retarme demasiado, pensando en la salud de su bisnieta.

Sin embargo, más allá de recordar con mucho afecto los discursos de mi abuela, yo sigo pensando que las camas desordenadas son encantadoras. No se duerme bien en una cama ordenada. Por ejemplo, no entiendo a la gente que al despertar apenas deshizo los pliegues de las sábanas. A mí me gusta encontrar las colchas tiradas en el piso, las almohadas abrazadas y babeadas...

O sea, no creo que sea poco importante que el cascoteador de gatos haga todas las mañanas su cama, demostrando que es prolijo y obediente en ese aspecto, pero preferiría un hijo al que deba amenazar con no ver los dibujitos animados si no ordena su dormitorio, y que por decisión propia, no le tire piedras a un gato.

16 comentarios:

  1. Claro, entre la cama y el gato...
    Mejor que apedree la almohada.

    Besos.

    ResponderEliminar
  2. Ja ja, si la abuela pasara por mi casa me asesina entonces! Sólo la tiendo cuando cambio las sábanas. El resto de los días, un nuedo de trapos es, jaja.
    Y sí, mucho orden de cama, pero después desórden psicológico desquitado con un inofensivo felino..
    Cariños Marce!

    ResponderEliminar
  3. Comparto tu opinión: mejor un hijo compasivo y solidario con los demás, incluidos los animales, que uno simplemente ordenado. Me ha encantado este texto. Besos.

    ResponderEliminar
  4. Muy bueno Marcela yo puse una vez que para mi la cama revuelta tiene un atractivo, vendria a ser como el campo de batalla luego de ella. Una vez lei que los historiadores habian llegado a la conclusión que el lugar de Europa donde mas batallas se habían librado eran los campos de Flandes, bueno para mi la cama es eso, "Flandes".

    Besos

    ResponderEliminar
  5. Toro: jaja, es verdad, que apedree la almohada!

    Sol: Pobre mi abuela, no nos hubiera entendido.

    Isabel: Muchas gracias. Y te juro que la madre estaba muy orgullosa de que hiciera la cama.

    Lux: recuerdo tu post sobre la cama! Estoy de acuerdo. Es un buen lugar para batallas.

    Gracias a todos.
    Besos.

    ResponderEliminar
  6. Saludos Marcela,Jorge de Monte Grande,Pcia.Buenos Aires..!!!

    ResponderEliminar
  7. La verdad que me sienta mejor una mañana distendida que una cama bien tendida… ese saborcito a sábado que sólo lo da una tarde que todavía parece mañana es inigualable, pero igual me gusta sentir la cama bien hechita a la hora de acostarme.

    D.

    ResponderEliminar
  8. Lo siento, pero opino como tu abuela: una casa no está verdaderamente en orden hasta que las camas no están tendidas ("hechas" decimos aquí). No hay nada más desagradable que meterse en una cama que ha estado destendida durante varias horas. Pero en eso, como en todo, para gustos están los colores.
    Besos.

    ResponderEliminar
  9. Fernando: Muchas gracias.

    Daniel: Yo prácticamente desarmo la cama antes de acostarme. No me gustan las sábanas tirantes.

    Daalla: Escribí este post después de un día que por un imprevisto no hice la cama antes de salir de casa. Al volver, comprendí que no recordaba la vez anterior que había dejado la cama sin tender. Pero insisto: tiene su encanto ese desorden medido.

    Besos.

    ResponderEliminar
  10. saludos marcela wapa, genial el post como siempre, lo de la cama hecha y los valores de un niño deshechos es un buen ejemplo, niño aplicado en lo que le interesa a la madre, en lo demas uin monstruo de aqui te espero, yo pienso como tu(y tengo tres hijas que ya es decir), prefiero pelearme con ellas para que hagan la cama y recojan en casa, pero luego se comporten como "señoritas" y no apedreen a los animales ni insulten a los mayotes, y recuerda yo de mayor quiero ser como tu!

    ResponderEliminar
  11. esparrelinux: muchas gracias. Yo también intento que mi nena haga las camas, aunque no siempre lo consigo. Y por suerte, jamás se le ocurriría tirarle piedras a nada!
    No sé por qué querrías ser como yo cuando seas mayor. ¡Ni yo se como quiero ser cuando sea mayor!
    Besos.

    ResponderEliminar
  12. ahhhhhh
    las camas revueltas!!
    sabés creo que tu abuela tenía razón en el sentido de que una cama desordenada anula el orden general de una casa, también creo que inaugura uno nuevo
    o
    como en mi caso,
    le dá una continuidad

    marcela siempre siempre
    es un placer leerte!

    besos

    ResponderEliminar
  13. Es curioso, hay veces que me siento mal, y basta con arreglar algún que otro cajón en la casa para sentirme más realizado... supongo que la cama es el centro neurálgico del orden. Cuando el orden impera en la mente, la cama se puede dejar sin hacer, sin duda, que no afectará... pero sólo cuando el orden impera...

    Besos.

    ResponderEliminar
  14. Concuerdo con vos, me gusta la cama desordenada, y con tu abuela, me gusta empezar el día tendiéndola. Para mí también, si la cama está tendida, todo está limpio y ordenado.

    ¡Besos!

    ResponderEliminar
  15. Ajá, tener una cama destendida tiene su encanto. Puede oler a tanto. Pero tendida, es como entrar a ese juego del orden, de sentirse preparada para lo que viene. Bueno, de las dos formas me gusta.

    Abrazos.

    ResponderEliminar