Escondidos



Esconderse, en la cima del mundo:
mi mundo, el tuyo, uno cualquiera.
Esconderse allí, a la vista de todos,
a la vista del viento, escapando
inmóvil, en la huída más increíble,
con los bolsillos llenos de piedras,
con las manos en llagas.
Livianos de tan pesados,
invisibles de tan absolutos,
en colores, en blanco y negro,
escondidos en la cruz más alta,
en la cima de todos los vientos.

Monstruo desnudo


Alguna vez amó a un fantasma. El fantasma habitaba a un hombre y debía aceptar eso.
Ella amaba al fantasma. Era extraño, pero no siempre podía encontrarlo. Suponía que a veces se escondía muy profundo, en una ciudad que no tenía calles con nombre.
En un momento de lucidez ella tropezó con la idea de que el fantasma no existía. Existía el hombre, pero no era habitado por ningún ser más que él mismo.
¿Y si ella lo había creado? Se vio a sí misma como a un doctor Frankenstein dando vida a un monstruo con las partes de otros fantasmas que le agradaban. Grave error que la hacía feliz de a ratos y muy infeliz cada vez más seguido.
Podemos vestir a alguien con los detalles que nos gustan y podemos abrazar al monstruo falso. Podemos convencernos de que es el fantasma quien reina, pero la verdad siempre arroja a un costado todos los detalles falsos con los que nos vestimos y vestimos a los otros, porque el amor se da exclusivamente entre monstruos verdaderos y desnudos.

Finales



¿Cuando hablamos de finales hablamos de calles sin salida?
¿O de la caída de la última hoja?
Deseo que la palabra final no sea definitiva.
Que el final de la tormenta no sea el final de todas las tormentas.
Que no haya nunca una última estrella brillando.
Que final sea un punto y aparte.
Una forma de decir, un paréntesis abierto.
Una rosa deshojándose, dándole el espacio a otra rosa.
Un fantasma amable y suave,
que se desvanezca con perfume en un pasillo.
Un pasillo sin final, que se pierda
en el horizonte infinito.

Letras



No quiero ahogarme en las letras,
en sus formas, en sus sinuosas manos
saliendo de círculos perfectos.
Danzan consonantes rebeldes
en papeles demasiado blancos.
Una vocal, alta y elegante
finge abarcar el mundo entero en su boca.
No debo creerle, me visto de indiferencia.
Pero entonces recuerdo el poder de las letras
y toda indiferencia se desmorona:
Las letras arrastran la historia grabadas en piedra y
devoran amores borrándose dibujadas en arena.