Hielo


No me pidas que te salve del frío,
si yo lo llevo conmigo.
Cada tanto encenderé un fuego,
pero no lo haré para complacer a un niño
que teme al hielo como a un extraño.
Lo hago solo para armar
el sutil rompecabezas de contrarios
que obliga a uno a existir solo si existe el otro.
Para ver el azul transformarse en rojo.
Para ver derramarse las gotas congeladas.
Porque el fuego se apaga,
pero el frío nos abraza a todos.

Jaulas


Hay una jaula en mis manos.
Ábrela. Ábreme.
Hay arena en mis brazos.
Se han transformado en desiertos.
Y ahora mi voz solo habla de cascadas,
de ríos que se van y se quedan.
¿Por qué de repente veo jaulas,
y veo aves luchando entre barrotes?
No se si abrirme, o cerrarme del todo.
No se si apagar las voces,
o por primera vez escucharlas.
Este desierto gigante
es una jaula pequeña.
El paraíso pálido y perfecto,
es una jaula pequeña.


foto 

Pasos y límites





Atreverse a abandonar el universo del hormiguero. Descubrir la vereda inabarcable, la plaza de infinito tamaño que la mente apenas llega a entender. Dar los pocos pasos que la vida nos permite, pero darlos fuera de los límites, solo para ver que hay más allá. Y disfrutarlos. 

(Publico nuevamente esta entrada que desapareció el día de ayer. Pido disculpas por los comentarios perdidos. Los tengo en el mail, pero no se como subirlos al blog. Muchas gracias a todos)

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Publicado por Marcela en Anábasis el 5/12/2011 11:55:00 AM

Isla de otoño

Llueve después de una noche
de sueños no dormidos.

Llueven gotas de colores no inventados.

Lluvia fría y sola,
húmedas manos.

¿Quién irá ahora a visitar
 una solitaria isla de otoño?

¿Quién aceptará ser amigo del viento
cuándo es tan frío?

Trae voces viejas el viento,
palabras viejas
en sus ráfagas,
palabras
en las gotas arrastradas,
palabras perdidas,
dichas en un pasado tan remoto.

Todo en una lluvia.
Todo en una isla de otoño.