
El sabía que no se podía ser un gran rey sin un palacio más grande que el que su padre había habitado. Porque su padre había agrandado y embellecido el palacio que había heredado junto con el poder (símbolo del poder, en realidad) de su abuelo. Al rey le gustaba notar las refacciones, los agregados que ensanchaban salones, los distintos estilos de las habitaciones, que le permitían remontarse, usando la lógica que desmantelaba en sueños cada agregado al palacio, hasta ese primer rey que su descendiente, cientos de años después, imaginaba en una diminuta habitación de tierra, que el hijo habría agrandado a dos habitaciones, un jardín y un aljibe, su nieto a cuatro habitaciones, un jardín, un aljibe, un huerto y una sala de armas, hasta, después de muchos reyes con deseos de superar a sus antepasados, llegar al colosal edificio que ahora él habitaba. Así y todo, debía agrandarlo, para demostrar su poder. Y como él sería el rey más grande del mundo, su palacio debía serlo también.
Entonces el rey ordenó fabricar ladrillos, y traer piedras de las lejanas montañas. No era tan iluso como para creer que podría hacer una torre que llegara al cielo, como había leído en la Biblia. Dejaría a Dios sus habitaciones celestiales. El no era tan ambicioso. El simplemente deseaba un palacio que abarcara todo el mundo.
Un palacio que encerrara las ciudades, los ríos, la cadena de montañas y el océano que un viajero le había descripto. Un palacio que le diera envidia a los habitantes de otros reinos, que irónicamente (y esto le daba algo de risa) quedarían abarcados también por un palacio del tamaño del mundo. Pero por sobre todo, y esta idea era la que más le gustaba, un edificio de ese tamaño, impediría definitivamente, que otro rey pudiera construir un palacio más grande.
Los arquitectos del reino dijeron que la obra era posible de realizar. Fingieron tomar medidas, hicieron gigantescos planos, maquetas, discursos, contrataron trabajadores especializados, trajeron esclavos de las prisiones, pidieron aumentos de los impuestos, que sabían enfurecerían al pueblo y todo esto lo hicieron mientras apoyaban las conjuras para asesinar al rey que acariciaba sus colosales y absurdos sueños.
Cuando el rey murió en un accidente, el pueblo festejó y su serio hermano menor heredó la corona. El apenas estaba interesado en el palacio. El se puso a la cabeza de su ejército. A él solo le interesaba el mundo.












11 comentarios:
ouh marcela
que buen relato para ilustrar!!!!
a prpósito me encantaría que participaras en "delugano..."
te dejo mi mail y un beso
deluganoalaluna@gmail.com
Gracias Ariel. Te mandé el mail con el cuentito de garabateando. Un beso.
Querida Marcela y esto va en serio, si no es tuyo me encantó y me gustó mucho que lo hayas subido, ahora para el caso que esto sea tuyo te digo que es quizás el cuento mas hermoso que he leido en lo que va del año, en realidad son dos el otro (pero de otro tenor) es uno que subió Alberto Lucero, pero el tuyo es tan pero tan hermoso y profundo que me dejás sorprendido.
Espero que sea tuyo para entonces saber que conozco y trato a una escritora con todas las letras.
Marcela son impresionante, esto lo mas bien podría haber sido de JL Borges, me encantó.
Te mando un beso mas que admirado.
Gracias Lux! Aprovecho tu comentario para aclarar algo: a menos que lo avise (y lo haría en letras muy grandes), todo lo que lean acá, está escrito por mí: lo bueno, lo malo y lo regular. Creo que nunca subí un texto que no sea mío, porque para eso es este blog: para compartir mis cuentos.
Me alegra que te haya gustado. Muchísimas gracias por tus halagos. Un beso.
¡Qué bueno, qué bueno, qué bueno! Es el mejor cuento que he leído hoy, y quizás hasta hoy.
Te felicito, Marcela, sos una excelente escritora.
Besos.
Impresionante, marcela. Me ha gustado muchísimo este relato y lo que encierra, esas ambiciones que son, la una estrafalaria y la otra peligrosa. Besitos, guapa.
Te tengo una sorpresa pero tenés que pasar a buscarla a mi blog. Besitos!!!
Entre más se tiene más se quiere. Ambición y poco conformarse.
Siempre poniendo altos reflexivos.
Abrazos.
¿Cuál de las dos ambiciones era la más peligrosa?
Te dejo besos. Te extraño por mi blog.
Precioso cuento.
Un beso.
- Marcela, recien me levanto, es una mañana con sol de otoño, algo, me trajo hasta aca, estoy maravillada. Es un relato, un cuento, no se que es pero es para que sea leido por millones, esto tendria que estar publicado y no sólo en un blog. Felicitaciones. Un abrazo muy grande. ADe
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