El barco


El barco se bamboleaba como una cáscara vacía en el inmenso océano que fingía no tener límites.

Esperaban el viento, que no llegaba.

Los días y las noches se sucedían igualmente calmas.

Los hombres recordaban las tormentas y el viento con la ansiedad con que se anhela la vida.

Pelearon, lloraron y rogaron.

Supersticiosos acusaron a dios y al demonio.

Ninguno de los dos respondió a las acusaciones, como si se hubieran puesto de acuerdo en abandonarlos.

Luego llegó el viento.

El barco navegó y los hombres olvidaron la pena, con la certeza de que pronto verían la tierra, y sabiendo en su interior que a los pocos días de caminarla, extrañarían el mar.

Escultor



Que tus dedos me desnuden al sol, para que arda.
Tu mano de escultor conoce,
los secretos de la piedra,
para transformarla en la piel
que esconde mi fuego.

Momentos



En la calle alguien grita "me robaron, me robaron". Vendedores y compradores se asoman a la puerta de los negocios y observan a la mujer que sacude los brazos (sin cartera, claro) señalando norte y sur, este y oeste. El ladrón ya ha dasaparecido.

Un vecino, el dueño de otro comercio, se me acerca. Yo ya observo el día, a la gente que después de la conmoción, continua con su vida, apurándose hacia quien sabe que destino.

- Que hijos de puta, habría que matarlos a todos - opina sin saludar.

Distraída como soy, tardo un instante en adivinar quienes él condena a muerte. Al ladrón, por supuesto y a los de su misma profesión, en este caso.

Se habla de la muerte con demasiada liviandad. Se la desea para otros con demasiada rapidez y sin pensar. No conozco lo suficiente a mi vecino como para saber si él cree lo que dice, o es solo una forma de expresarse. No tengo ganas de exponer todas mis dudas (y rechazo) sobre ese sistema para conseguir más seguridad y prefiero no discutir esos temas con clientes del negocio.

Todo el tiempo se habla de inseguridad. La televisión se regocija con las declaraciones de una familia que fue asaltada ayer a la noche. Imaginen las declaraciones de esta gente (comprensibles considerando la situación vivida) si mi vecino que escuchó que a alguien le robaron la cartera aseguró que el ladrón merecía morir.

Ojalá yo pudiera creer que a las palabras se las lleva el viento, pero no lo creo.

Mediodía


La costumbre de la cabeza gacha,
la humildad y la mesura.

El mundo no puede odiarme,
por probar el caos
como quien prueba
un caramelo de sabor desconocido.

El mediodía se me escapa
como agua entre los dedos.

El monstruo

Su creación se tambaleó, chocando los muebles del laboratorio, los tubos de ensayo, las sustancias que cuidadosamente él ordenaba cada mañana antes de comenzar su trabajo.

El creador la siguió, algo espantado. Las cicatrices de las operaciones, se veían rojas y brillantes, surcando los miembros que aún no coordinaban bien los movimientos. La boca mostraba una especie de sonrisa que el científico no sabía si era o no intencional.

¿Estaba la criatura intentando mostrarse amigable? ¿Era ese confuso movimiento una especie de baile o solo se tambaleaba sin sentido? ¿Eran esos sonidos un intento de lenguaje?

Había algo de fascinación en el creador cuando alcanzó a la criatura y la miró a los ojos.

Fue entonces que la criatura extendió los brazos y se aferró a él. Había afecto en ese gesto. Y confianza. El creador lo sintió, y sintió la calidez del abrazo. Entonces supo que definitivamente, debía matarla.

(Gracias, Mary)

La casa junto al volcán



Construyó su casa al pie del volcán, aunque todos dijeron que era una locura.

No sabía el porque de esa elección. Quizá fuera algo de arrogancia o indiferencia ante el peligro.

Lentamente alzó las paredes con rojos ladrillos, pese a las críticas de los habitantes cercanos. Con imbatible lógica, les digo que ellos, a la distancia a la que habían construído el pueblo, tampoco se salvarían a la eventual erupción. Respondieron que tendrían más tiempo para huir, mientras que él no tendría nada más que una muerte segura.

Alzó un hogar austero, como él mismo. Las tejas, las paredes, los muebles eran humildes y limpios.

La primera noche en su nueva casa, cenó sintiendo el orgullo de la tarea cumplida. Se acostó esperando un sueño tranquilo, pero un ruido lo sobresaltó. Casi que esperó la explosión que anunciaría su muerte. Pero nada pasó. No se lo diría a nadie, pero con algo de espanto supo que el volcán, para él, explotaría todas las noches.

La caída de la bolsa



Ayer, volviendo de la verdulería, sufrí un episodio que me hizo comprender parte de la compleja actualidad mundial.

Había comprado tomates, lechuga, zanahoria y morrones (no organicen un grupo comando para asaltar mi hogar, los verdes estaban en oferta a $6 el kilo, los rojos son incomprables), bananas y frutillas.

Las primeras señales de alarma se dieron cuando una vecina le reclamó al verdulero por la caída de la bolsa de la semana pasada.

Me sorprendió ese reclamo, porque no suponía que el verdulero pudiera estar involucrado en algo de tal magnitud. Desde la periferia, uno no nota su influencia en los centros de poder, pero en la actitud del buen hombre, se notaba que se hacía cargo de su responsabilidad en la profunda crisis, pidiendo perdón y explicando algunos detalles técnicos a los que no les presté atención.

Después de la compra, regresaba con mi inversión a casa cuando la manija de una de las bolsas se rompió y sí: se cayó la bolsa.

Tras el desplome, observé con pesimismo los tomates, pero recorté pérdidas pensando en cocinar una salsa.

Todos los indicadores de las frutillas con datos negativos.

La caída fue agravada por el contexto: de haber caído en el pastito no hubiera pasado nada, pero cayó en la vereda.

Que se le va a hacer...

Poema excusa para una linda canción y un cuadro de Van Gogh





Una calle con árboles goteando,
como si extrañaran la lluvia pasada.

Las estrellas en un charco,
simplemente flotando.

La pared de ladrillos,
un perro que ladra.

El viento en la cortina,
que imagina tener alas.

La melancolía se teje
con estas gotas perdidas,
con sonidos comunes,
y aromas dormidos.

La lluvia deja un perfume
parecido a la tristeza,
como una perla engarzada
en la primavera.

Parece tan lejos el cielo,
tan de tontos buscarlo
en las olvidadas gotas,
que forman un charco
en el que brillan cercanas
estrellas lejanas...



Nat King Cole "Nature boy"




"Nature boy" versión para la película "Moulin Rouge"

Las palabras elegidas

Despertó pensando en cómo decirlo.

Debía seleccionar las palabras con cuidado.

Mimarlas primero, quizá. Decorarlas, perfumarlas, para que ya desde su creación fueran realmente apreciadas.

En la calle, en la oficina, solo podía pensar en las palabras.

Lo asustaba un poco el poder de esas simples letras, transformadas por una poderosa magia lógica en un sonido específico que debía, ni más ni menos, que transmitir sus pensamientos y sentimientos a otro.

¿Hay algo más poderoso que las palabras?

¿Algo más peligroso?

Mientras las horas pasaban, las palabras escogidas iban siendo cada vez menos.

Todo su pensamiento debía reducirse a unas pocas letras.

Sería lacónico, pensó, pero claro.

La luz del atardecer menguaba, como adecuándose al escenario en el que la frase decidida sería dicha.

El llegó al lugar escogido y frente a su expectante interlocutor, se quedó en silencio.
.
.

Depeche Mode "Enjoy the silence"

El sabio

El sabio observaba el mundo desde su torre. Rodeado de libros, consideraba a los hombres unos salvajes (como si esos libros que amaba hubieran aparecido mágicamente y no hubieran sido escritos por los hombres, y los conocimientos que tanto apreciaba no hubieran sido acumulados por generaciones de hombres).

A través de una ventana, casi escondido por miedo a que los salvajes lo vieran, observaba las aberraciones y cada tanto gritaba sentencias grandiosas, que, obviamente, los salvajes no entendían, pero que buscaban demostrar que él sí sabía, y que él conocía el destino del mundo condenado por los errores de los hombres.

Muy pocas veces salía de su refugio. La última vez que salió (temblaba al recordarlo) se cruzó con un hombre extrañamente pequeño, que al verlo, intentó seguirlo, le habló con un idioma rudimentario, y, de repente, hizo una extraña pirueta, y comenzó a gritar desaforadamente, actuando, una vez más, sin sentido.

Lo que el sabio no supo, porque desde la falsa altura con la que creía analizar los actos de los hombres había perdido toda perspectiva y toda sabiduría, es que mientras él huía, una mujer corrió a levantar al hijo, que se había caído y lloraba porque se había lastimado la rodilla.