La espera.

Permaneció inmóvil, durante horas. Sintió en su piel el frío y el hambre. Las disfrutó, como signos inequívocos de que estaba vivo. Intentaba no pensar, porque pensar significaba analizar la realidad, más allá del sujeto obedeciendo normas. Pensar equivalía a saber que estaba bien y que estaba mal, sin necesidad de leyes que se lo dijeran.

Se concentró en su odio. Lo pintó de distintos colores. Lo acunó como a un niño. El odio le había dado una razón de ser y debía amarlo, como se ama a un hijo.

Permaneció inmóvil, durante horas. Estudió cada rincón de su escondite. Le puso nombre a las hormigas. Acarició el musgo que crecía entre los húmedos ladrillos. La suavidad lo hizo temblar de emoción. Sonrió al ver a un ave aletear en el pequeño resquicio de cielo que quedaba a su vista.

Cerca de las seis, escuchó el auto llegar. El portazo indicó que El ya estaba en el lugar indicado. Esperó y contó los pasos, como los había contado varios días. Sabía que tendría una sola oportunidad. Sabía que no podía cometer errores. Empuñó el arma y salió del escondite.

Poema

Sé que te enredaste en mi vida.

Nuestros días se tejieron, se trenzaron, se anudaron, de forma tal que es imposible desatarlos.

Y eso no quiere decir que no te vayas o que yo no me vaya.

Simplemente, ambos sabemos, que estamos enredados y que volver no depende de nosotros. Es nuestro destino.

Vimos amanecer y atardecer.
De la mano o sin mirarnos,
caminamos fingiendo indiferencia.

Tantas veces decidí que el final era inevitable.
Y siempre recordé que odio esa palabra.

Nuestro amor está más allá de la lógica,
como todos los amores, en realidad.
El amor no entiende de límites u horizontes.
El amor le pertenece al viento,
siempre parece estar huyendo
pero se queda...




Lisandro Aristimuño. "Tu nombre y el mío"

Momentos: En el café

Lo esperó en el café. Lo esperó aunque él no sabía que ella lo esperaba. Esperó, con la paciencia agobiada del que tiene demasiado tiempo libre y lo sabe.
La oficina de Jorge estaba en el cuarto piso de un elegante edificio. Un portero barría con gesto cansino la vereda. El otoño se empeñaba en arrastrar hojas secas. Desde enfrente, sentada cerca de la puerta, para poder salir corriendo si era necesario (¿para qué? ¿para qué? se preguntaba su sentido común sin lograr despertarla), Marisa observaba.
Durante un momento, ella sintió vergüenza. Instintivamente sabía que a los quince años, hubiera sentido vergüenza de lo que estaba haciendo.
Como un decadente detective, vigilaba a su marido. Tomó dos sorbos del café, demasiado frío. Era ridículo que ahora que ya lo estaba terminando, notara que de tan abstraída, había olvidado ponerle azúcar. Lo había bebido amargo, sin sentir el sabor. Amargo, como sus dudas. Amargo, como sus decisiones.
Las cinco de la tarde. Unas mujeres pasaron con sus hijos recién salidos del colegio, obstruyendo su visión del edificio de enfrente. Marisa cabeceó intentando no perder ni un detalle de esa puerta vidriada.
Un grupo de personas salió y caminó hacia la esquina, al estacionamiento. Ninguno era Jorge. Inclusive reconoció a dos de los compañeros de su marido. Se tapó apenas el rostro, pero no la vieron. Había ensayado un par de excusas: un trámite que la había traído cerca, su celular sin señal, podía esconder detrás de alguna máscara digna sus celos y su infantil acción.
Jorge salió al fin. Jugueteaba con las llaves del auto. Una mujer iba a su lado. Llevaba el uniforme de la empresa. Era alta y delgada. Caminaron unos pasos juntos, sin rozarse. Marisa cerró los ojos. Cuando volvió a abrirlos vio que Jorge alzaba el brazo, llamando a un taxi. El taxi se detuvo. Se dieron un breve beso en la mejilla. Ella subió al taxi y él sin mirar atrás, desapareció en el estacionamiento.
Marisa llamó al mozo y pidió otro café.


Poema

Anthony and the johnsons "The cripple and the starfish"

La lágrima reflejada en el rostro que mira

se ve mas limpia en el espejo.

Se ve mas pura, como agua reflejada en agua,

¿Se secan las lágrimas?

¿Se borran las pisadas?

¿Cada suspiro se graba a fuego en el universo?

¿Las piedras arrojadas al río modifican el mundo?

¿La decisión del mendigo tiene tanto peso como la del rey?

¿Se encontrará las verdad en algún lado...?

¿No sé... en el espejo?