Fantasmas, todas las mañanas. Caminando por las calles, al mismo tiempo que todos nosotros. Apretados entre los pasajeros de los colectivos, bostezando y desperezándose.

Angeles en las esquinas, mirando pasar a los que se apuran, a los que llegan tarde al trabajo, a los aburridos desde la mañana.

Somos perdedores.

Perdimos el paraíso unos días después de haber sido creados. Lo tenemos en la sangre, en la historia.

Creamos reinos, e imperios. Y los perdimos.

La única certeza al nacer es que perderemos la vida algún día.

Las naciones más poderosas solo saben que tarde o temprano, perderán su poder. Luchan, para alejar lo inevitable.

Hay una poesía hermosa en ese detalle: no importa nuestra fuerza, nuestra sabiduría, nuestro coraje o nuestro poder: vamos a perder algún día, igualados en la derrota. Y en ese momento, solo los humildes saldrán ganando.